“Si el coronavirus llega a África con toda su fuerza, será catastrófico”

Cristina Antolín, médico y misionera española que colabora con Manos Unidas en el continente negro.

Manos Unidas

24 marzo, 2020, 1:47 pm
8 mins

Por su experiencia de trabajo en África —15 años en la República Democrática del Congo y 17 en Camerún—, Cristina Antolín conoce bien lo que suponen las enfermedades y las deficientes estructuras sanitarias en la mayor parte de los países del continente: “En África fallecen miles y miles de personas cada año —entre ellos, muchos niños—, por enfermedades como el paludismo, el sida, la tuberculosis, la hepatitis o el sarampión, entre otras, por no mencionar el ébola”, afirma la religiosa.

Estas enfermedades alcanzan en el continente africano cifras muy superiores a la media mundial porque, además, en África, —según Antolín—, disponen de pocos hospitales y centros sanitarios y tienen una ratio muy baja de agentes de salud con respecto a la cantidad de población. “En la mayoría de países africanos tienen menos de dos médicos y menos de diez enfermeras por cada 10 mil habitantes, mientras que, por ejemplo en España, a pesar de haber habido una disminución los últimos años, tenemos una media de unos cuarenta médicos y cincuenta enfermeras por cada 10 mil habitantes”, explica la médico española.

Además, “en la mayoría de los países africanos no hay seguridad social y faltan medicinas esenciales. Todo esto, unido a programas de prevención insuficientes, a la falta de agua y de medidas higiénicas, al hacinamiento de la población y a los desequilibrios alimenticios, hace que haya un gran número de personas vulnerables y con mucho riesgo de desarrollar enfermedades, por lo que, si el coronavirus entrara en el continente con toda su fuerza, sería, sin duda, catastrófico”, asegura la misionera española. “Los índices de morbilidad (enfermedad) y de mortalidad serían altísimos porque, dadas las condiciones del continente, todas las personas serían de riesgo”, recalca Antolín.

TODA LA POBLACIÓN ES VULNERABLE

Para la religiosa española, la juventud de la población africana, en un continente en el que la mayoría de sus habitantes —el 70%— tienen menos de 34 años y solo el 5% tienen más de 60 años, no sería un impedimento para que la enfermedad se desarrollara con toda crudeza. “Así como en Europa, las personas más vulnerables son las de edad avanzada, en África toda la población deviene en vulnerable, dado que el desarrollo y la aplicación de programas de prevención sanitaria son escasos y la malnutrición está muy extendida”, explica.

Para Cristina Antolín si la pandemia se propagase por África como en otros continentes:

—La cantidad de centros sanitarios capacitados para diagnosticar y tratar el coronavirus sería mínima, el espacio para aislamiento de los enfermos muy limitado y los servicios de UCI casi inexistentes.

—Dado el número tan bajo de médicos y enfermeros que tiene el continente, sería imposible poder asistir a la población afectada.

—La falta de material que existe, incluso el más básico, provocaría que la transmisión y el contagio del personal sanitario fuera mucho más extenso y grave.

En África las recomendaciones de aislamiento son difíciles de asumir y de aplicar dado que la mayoría de la gente “hace la vida fuera de casa”, ya que las viviendas son pequeñas, mal acondicionadas, albergan a muchas personas, se comparten lugares comunes —como cocinas o letrinas, si las hay— y hay poco “espacio físico” para guardar las distancias recomendadas ya que la aglomeración de gente —incluso el hacinamiento— son algo habitual.

Dado que la mayoría de sus habitantes no tienen acceso al agua corriente, a productos de desinfección, a materiales de protección como mascarillas o guantes, sería muy difícil frenar la transmisión.

En muchos países de África, la mayoría de la gente vive de la economía de subsistencia, trabaja “hoy” para poder comer y alimentar a su familia “hoy”; por lo que sería muy difícil que pudieran dejar su trabajo diario, pues no tendrían posibilidad de obtener su “pan de cada día”.

Hasta el momento, el Covid-19 no parece estar teniendo gran incidencia en el África Subsahariana, donde el número reportado de personas contagiadas es muy inferior a los que se están produciendo en Europa o en los países del Norte de América, gracias, en gran parte, a la rápida reacción de los gobiernos africanos para hacer frente a la pandemia.

Cristina Antolín alaba el proceder de muchos de estos gobiernos que, conscientes de la vulnerabilidad y limitaciones de su continente, ya están tomando decisiones para cerrar las puertas al virus o contener los casos existentes, evitando su propagación.

“Aplaudo y felicito a todos los países de África que, con gran inteligencia, sabiduría y realismo, se están ‘anticipando’ a una posible situación de crisis y ya están poniendo en práctica las recomendaciones que en otros lugares se han comenzado con retraso y que son la única manera de frenar, contener y luchar contra esta pandemia”, afirma la religiosa española.

EMERGENCIA PERMANENTE

Desde casa, Manos Unidas está en contacto continuo con los socios locales con los que trabaja en África, Asia y América. “Estamos recibiendo mucha información desde nuestros proyectos”, asegura Clara Pardo, presidenta de la ONG. “Nos cuentan cómo se está viviendo esta situación en sus países y las medidas adoptadas por los diferentes gobiernos para evitar la propagación del virus que está afectando al normal funcionamiento de muchos de nuestros proyectos”, explica Pardo. En los próximos días podremos ver con más precisión el impacto que esta crisis está teniendo en el desarrollo de nuestro trabajo, pero estamos seguros que las consecuencias que esta crisis va a tener sobre los más empobrecidos van a ser muy importantes”.

_________________________
Fuente: www.religiondigital.org

Manos Unidas es la ONG de desarrollo de la Iglesia católica y de voluntarios, que trabaja para apoyar a los pueblos del Sur en su desarrollo y en la sensibilización de la población española. Nuestros ingresos provienen, en un 87,1 %, de fuentes privadas y en un 12,9 % del sector público. Tanto la sede de los Servicios Centrales como la de las 72 delegaciones de Manos Unidas están ubicadas en España.