Algo por hacer

Hemos de aprender constantemente a mirar “los algo por hacer” que animan nuestros deseos cotidianos, nuestras formas creativas y solidarias.

Los cristianos y cristianas creemos que en Dios se encuentra la esperanza. La esperanza aparece como un movimiento que dinamiza nuestra vida y que nos hace creer que todavía queda algo por hacer. Con ello la esperanza se opone diametralmente a una visión fatalista y determinista de la vida y de la historia, es decir, de una comprensión de que las cosas no cambiarán, de que todo seguirá tal cual.

Pero pareciera que vivimos en tiempos donde ese algo por hacer queda vacío de contenido y de sentido. ¿Realmente nos queda algo por hacer? Como canta Nano Stern en La raíz, “Pareciera que la tierra se nos va a acabar/ que será cubierta por concreto y alquitrán/ pareciera que la vida se nos va a ahogar/ asfixiada por paredes que la matarán”. Pareciera que esta es la fotografía de este tiempo, de nuestros tiempos. En medio de la intranquilidad e incertidumbre de este tiempo, de sus encuestas, de sus pulsiones publicitarias y de ciertas narrativas marcadas por la catástrofe y por la falta de posibles es algo que desafía la experiencia cristiana de la esperanza, de ese abrazar el algo por hacer.

Pareciera que vivimos en tiempos donde ese algo por hacer queda vacío de contenido y de sentido. ¿Realmente nos queda algo por hacer?

Los cristianos confesamos a un Dios que abre el espacio del por hacer. Creemos en el Dios de Abraham que moviliza al patriarca a buscar una tierra nueva, una tierra distinta. La esperanza reside en el Dios que abrió los ojos y oídos de Ezequiel para gritar a los huesos secos que esos cadáveres desérticos serían cubiertos de carne y de tendones. Creemos en el Dios que en Jesús anunció buenas nuevas a los que vivían encerrados por visiones y prácticas religiosas y sociales que terminaban denigrando sus vidas. El Dios del todavía algo por hacer despierta en los seres humanos la esperanza como mirada atenta de la historia, de los signos de los tiempos, de los destellos de justicia y de compasión que son signos anticipatorios del Reino de Dios, como indica el teólogo Juan Alfaro.

Transcribo de manera íntegra el poema “El doliente” de Óscar Hahn, que es un grito y un manifiesto ante todos esos por hacer de la vida en los que la fe cristiana reconoce la presencia de un Dios novedoso.

Pasarán estos días como pasan
todos los días malos de la vida
Amainarán los vientos que te arrasan
Se estancará la sangre de tu herida 

El alma errante volverá a su nido
Lo que ayer se perdió será encontrado
El sol será sin mancha concebido
y saldrá nuevamente en tu costado 

Y dirás frente al mar: ¿Cómo he podido
anegado sin brújula y perdido
llegar a puerto con las velas rotas? 

Y una voz te dirá: ¿Que no lo sabes?
El mismo viento que rompió tus naves
es el que hace volar a las gaviotas”.

Hemos de aprender constantemente a mirar los algo por hacer que animan nuestros deseos cotidianos, nuestras formas creativas y solidarias. La esperanza cristiana ilumina, conduce y va plenificando esos movimientos y proyectos que laten en nosotros, esas pulsiones de vida y de justicia, ese buscar construir narrativas de esperanza para cada corazón que late en este mundo.


Imagen: FreeImages.

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