Bolsonaro y sus electores

Queda ver el impacto que esta elección tiene en el resto de los países de América Latina, donde la desilusión frente a los partidos tradicionales no es menor.

Pablo Monat

30 octubre, 2018, 2:46 pm
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Como se anticipaba, Bolsonaro obtuvo una amplia victoria frente al candidato del PT, Fernando Hadad. El “capitán”, como lo nombran sus seguidores, ganó impulsado por un fuerte sentimiento anti-política tradicional, con lo cual Brasil se suma al surgimiento de una ola de derecha, con fuertes componentes contestatarios a la política establecida que se ha expandido por Europa, los Estados Unidos y ahora América Latina. En este caso, la particularidad es la irrupción de un candidato con fuertes lazos con las fuerzas armadas de Brasil (de hecho, fue 24 años diputado de diversos partidos con una intervención fuertemente reivindicativa de demandas sectoriales de las FF.AA.) y con un discurso ultra-conservador (directamente reivindicativo de la tortura, la discriminación de la mujer, racista y agresivo hacia las minorías, tanto indígenas como la comunidad homosexual).

El contexto en el que triunfa presenta un fuerte sentimiento anti-PT, potenciado por los efectos de la “operación Lava Jato”, el operativo anti-corrupción que reveló negociados millonarios relacionados con la empresa estatal Petrobras, políticos y poderosos empresarios privados. Por otro lado, la creciente inseguridad y violencia generada principalmente por las bandas del narcotráfico también alentaron un cambio en favor de acciones de represión efectivas. Como antecedente reciente, la intervención federal de Río de Janeiro de principios de este año, donde se vieron escenas de violencia similares a la de un conflicto armado, potenciaron el reclamo de muchos por una resolución drástica. Esto se condice con algunas opiniones de parte de votantes de Bolsonaro que no adhieren totalmente a sus posiciones extremas, pero lo ven como una alternativa transitoria y esperan que las promesas más duras del “capitán” no se concreticen.

Su núcleo duro de seguidores y militantes, en cambio, adhiere a posiciones ultra-conservadoras, entre los que cabe notar un actor (que ya venía en crecimiento en la política activa) que se sumó con su adhesión fervorosa y sus bancadas políticas: las iglesias evangélicas. Estas poseen 81 diputados de un total de 513, y tres de los 81 senadores. Partidos menores y grupos sectoriales (como el sector de los agro-negocios) configuran el resto de su apoyo institucional, representación de algún modo menor a la gran mayoría de desencantados de la política que su candidatura ha captado.

Queda ver el impacto que esta elección tiene en el resto de los países de América Latina, donde la desilusión frente a los partidos tradicionales no es menor.

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Fuente: www.revistacriterio.com.ar

Escribe para revista Criterio de Argentina.