Comenzando el Sínodo sobre la sinodalidad: algunas primeras modulaciones

Tiempo de pensar, discernir y proponer nuevas pistas para las rutas eclesiales. Comprometernos en la construcción de una Iglesia adulta, corresponsable, misionera y participativa.

Juan Pablo Espinosa Arce

20 octubre, 2021, 2:43 pm
4 mins

Hace algunos días la Iglesia ha comenzado un proceso de Sínodo (= “camino realizado con otros”), el cual tiene como tema la sinodalidad. Este tiempo de pensar, discernir y proponer nuevas pistas para las rutas eclesiales nos invita a comprometernos en la construcción de una Iglesia adulta, corresponsable, misionera y participativa. Es por ello que quisiera compartir algunas ideas al comienzo de esta experiencia eclesial que se desarrollará hasta octubre de 2023.

Lo que caracteriza el proceso sinodal es que es todo el Pueblo de Dios el que, desde el Espíritu, busca pensar su identidad y su misión en medio de las culturas. La misma imagen iconográfica del Sínodo lo muestra: el Espíritu que mueve a la comunidad a caminar, a conversar y a decidir juntos. Con ello, en el Sínodo se pone en práctica el sentido de la fe, el cual es un elemento fundamental en la vida de toda la Iglesia y que tiene que ver con la fuerza que, desde el Espíritu de Dios, nos motiva, a sacerdotes, consagrados y laicos, a exponer con humildad, pero con verdadera lucidez el sentido de las prácticas vividas al interior de la comunidad. El Concilio Vaticano II, en Lumen Gentium, nos indica: “La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2,20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando «desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos» presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres” (Constitución Dogmática Lumen Gentium 12). A partir del sensus fidei, toda la comunidad de los discípulos de Cristo ejerce la función del discernimiento realizado en materia de fe y de costumbres y, en estas últimas, de las dinámicas particulares en las que nos movemos.

A propósito de lo anterior, la Comisión Teológica Internacional, en su documento “La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia”, expone el vínculo entre el sentido de ser pueblo que camina unido (el carácter sinodal de la Iglesia) y la actitud de discernir lo que acontece a ese mismo pueblo. Nos dice la Comisión Teológica: “El ejercicio del discernimiento está en el centro de los procesos y acontecimientos sinodales. Así ha sucedido siempre en la vida sinodal de la Iglesia. La eclesiología de comunión es la específica espiritualidad y praxis que, involucrando en la misión a todo el Pueblo de Dios, hacen que hoy sea más necesario que nunca (…) educarse en los principios y métodos de un discernimiento no solo personal, sino también comunitario”. El carácter comunitario del discernimiento, como elemento central del proceso de Sínodo, acentúa la corresponsabilidad que se debe vivir en todo el Pueblo de Dios.

La participación activa de los consagrados y laicos en la conducción de la Iglesia y en los momentos de discernimiento de la vida cotidiana de la comunidad, es el gran anhelo que mueve el Sínodo sobre la sinodalidad que ha comenzado este octubre de 2021. La posibilidad de imaginar nuevas experiencias, de recuperar relatos, memorias y sueños comunitarios, el volver al Evangelio de Jesús de Nazaret como centro y motor de la Iglesia y los mayores espacios de participación eclesial, son elementos que esperamos puedan ir dando fruto con este nuevo Sínodo. MSJ

Académico Facultad de Teología UC. Académico Universidad Alberto Hurtado.