Cota mil

Tanto o más grave que la violencia política desencadenada a partir de 2019, la de la Araucanía y la de los viernes en la Plaza Baquedano u otros lugares, es la distancia epistemológica de la Cota Mil con el resto del país.

Jorge Costadoat sj

14 abril, 2021, 1:18 pm
7 mins

El 25 de octubre de 2021 la ciudadanía aprobó por una enorme mayoría la realización de un plebiscito en orden a redactar una nueva Constitución. Un tema encendió las alarmas: en las comunas de Lo Barnechea, Vitacura y Las Condes ganó el Rechazo. En ellas viven las personas que advirtieron a los demás el descalabro que se produciría en el país de haber ganado la opción contraria. No hubo descalabro. Comenzaron los preparativos a una constituyente que encausará racional y democráticamente la masiva y airada protesta social. ¿Fue un truco fallido este vaticinio? No lo creo.

Debo matizar lo que digo. En estos mismos sectores de Santiago hubo mucha gente que votó Apruebo. Además, las personas que allí votaron Rechazo seguramente lo hicieron de buena fe, creyendo que el peligro era real.

Estimo que tanto o más grave que la violencia política desencadenada a partir de 2019, la de la Araucanía y la de los viernes en la Plaza Baquedano u otros lugares, es la distancia epistemológica de la Cota Mil con el resto del país. La epistemología tiene que ver con el lugar donde se produce el conocimiento. Lo peligroso en este caso, es que estos barrios son el lugar epistemológico en el cual se toman las principales decisiones de Chile, a saber, aquel donde y desde donde se maneja la economía y se gobierna el país. Allí la elite conversa y se forma una opinión sobre lo que ocurre en resto de las otras comunas.

¿Azuzo con lo que digo la lucha de clases? Todo lo contrario. Es que no sé cómo desmantelar una bomba de tiempo más que avisando el peligro. Porque el peligro existe, aunque es otro.

Es más. La situación es explosiva porque tal conocimiento distorsionado de la realidad constituye, aunque sea inconscientemente, un modo interesado de concebir esta misma realidad. “Vamos a tener que compartir nuestros privilegios”, dijo Cecilia Morel en su momento. Pero, ¿quieren los chilenos que la primera dama y la clase alta chilena compartan con ellos sus privilegios? Una sociedad de privilegiados es un imposible. El privilegio implica siempre una desventaja o una postergación para alguien, y viceversa. Hay postergados, porque hay privilegiados. Juzgo que una sociedad cuya organización perjudica a unos para beneficiar a otros tiene los días contados. Prefiero pensar que la inmensa mayoría de los chilenos, en vez de estatus y tratos preferenciales, desean justicia y derechos.

No en vano ha querido llamarse Plaza de la Dignidad a la Plaza Baquedano. Muchos son los chilenos que están literalmente in-dignados. Se sienten humillados. En Chile no hay solo envidia o frustración por querer y no alcanzar las promesas del capitalismo. Hay también, y mucho, dolor por tratos indignos, y resentimiento. Este resentimiento llega a ser patológico en los muchachos que destruyen las ciudades, queman edificios, queman iglesias y queman la estatua de Baquedano. También es patológica la que quema de los camiones de las forestales por parte de agrupaciones mapuche radicalizadas, pues el pueblo mapuche no es violento. Pero el recurso al fuego, que tantísimas veces el pueblo mapuche usó para quemar villas o fortificaciones chilenas durante la Guerra de Arauco, se está volviendo normal.

Resentimiento, odio, violencia, tienen como causa, entre otras, la constatación de esta segregación. Traigo a colación otro asunto que también tiene que ver con esta tara epistemológica. ¿Han caído en la cuenta los habitantes de estos barrios que en los colegios que se educan sus hijos se aprende a reírse de la gente humilde, de su modo de hablar o de vestirse? No son los profesores los que lo enseñan, nunca he oído algo así. Es la cultura ambiente, que pasa de los hermanos/as mayores a los/as menores, y de unos compañeros a otros, la que engendra un mundo discriminador. La constitución de vínculos elitistas que a futuro hará posible asegurarse un mejor lugar en este mundo, recomienda aprender a mirar de un modo distinto a aquellos de quienes conviene distinguirse. El país corre un grave peligro porque las personas distinguidas quieren distinguirse y, para conseguirlo, confeccionan un concepto del resto o barren a los pobres de su vista.

No era el Apruebo el peligro. Es este otro. ¿Cómo extinguir el incendio de la próxima revuelta social? No lo sé.

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Fuente: https://jorgecostadoat.cl/wp

Sacerdote jesuita chileno. Teólogo.