Desafíos en la implementación de programas educativos sustentables

¿Qué tipo o tipos de educación necesitamos adoptar para enfrentar los desafíos medioambientales?

La UNESCO resalta la función central de la educación en la consecución del Desarrollo Sustentable; sin embargo, David Orr plantea que la solución no reside únicamente en la expansión de la educación, sino en la adopción de una “educación de cierto tipo”. En este marco, el presente ensayo examina tres tensiones inherentes a dicho propósito: 1) Las disparidades de recursos entre las Instituciones de Educación Superior (IES en adelante) de naciones desarrolladas y subdesarrolladas; 2) La contradicción entre una educación sustentable y el modelo económico extractivista; 3) La aplicación del cosmopolitismo crítico desde las ciencias sociales para abordar problemáticas ambientales sistémicas. Se argumenta que las divergencias en los recursos entre las IES en distintos contextos globales tendrán un impacto sustancial en la habilidad para instaurar programas educativos específicos. Asimismo, la confrontación entre esta modalidad de educación y el extractivismo presenta desafíos considerables para la incorporación de prácticas educativas armonizadas con el entorno en ambientes caracterizados por una explotación intensiva de los recursos naturales.

Así, continúo explorando la interrogante clave para este ensayo: ¿Qué tipo o tipos de educación necesitamos adoptar para enfrentar los desafíos medioambientales, especialmente dentro del marco de una economía extractivista basada en materias primas en el caso de los países subdesarrollados? La respuesta es inherentemente compleja y conlleva una redefinición integral de los objetivos educativos y las experiencias de aprendizaje. La educación para la sustentabilidad no debe limitarse a la mera transferencia de conocimientos; más bien, debe inculcar una comprensión crítica de los problemas socioambientales, incluir la realización de clases en entornos naturales, y fomentar el desarrollo de habilidades para la acción. De esta manera, se busca formar individuos capacitados para abordar activa y reflexivamente los retos planteados.

En este escenario, las IES emergen como actores clave. Desde la docencia, las IES deben reconfigurar sus enfoques académicos, integrando la perspectiva de la sustentabilidad en todas las disciplinas, que sea en “función de los estándares de decencia y supervivencia humana” (Orr, 1991). La investigación también se convierte en un vehículo esencial para orientar soluciones innovadoras y prácticas que contribuyan a la sustentabilidad global. Asimismo, la vinculación con el medio adquiere una importancia trascendental, ya que las IES deben establecer vínculos activos con la comunidad para aplicar y difundir el conocimiento generado, cuestión que la Universidad Católica del Norte como otras universidades sí realizan(1).

La necesidad imperante de transformación en el ámbito educativo plantea un desafío significativo a nivel global. No obstante, la diversidad de recursos y enfoques entre las IES de países desarrollados y subdesarrollados introduce una complejidad adicional. Las IES en países desarrollados, respaldadas por recursos económicos sustanciales, pueden dedicarse de manera más enfocada a problemáticas específicas relacionadas con la sustentabilidad, permitiéndoles abordar cuestiones de manera más sistémica y profunda. En cambio, las instituciones en países subdesarrollados, debido a limitaciones financieras, se ven compelidas a enfrentar desafíos más inmediatos, a menudo relegando la sustentabilidad a un segundo plano frente a necesidades básicas y urgentes.

En este sentido, la disparidad de recursos plantea cuestionamientos sobre la equidad en la educación para la sustentabilidad en países subdesarrollados. Aunque estas instituciones se comprometen con la sustentabilidad, enfrentan limitaciones financieras y logísticas que dificultan la implementación de cambios significativos. A pesar de ello, sostengo que es posible llevar a cabo programas de sustentabilidad. Se hace necesario un apoyo internacional, donde las instituciones de países desarrollados desempeñen un papel crucial al compartir experiencias y recursos. Un enfoque equitativo implica reconocer las disparidades y comprometerse activamente con la solidaridad educativa a nivel global. Cabe mencionar que, aunque los países desarrollados expresan preocupación por la sustentabilidad, son también los principales contaminantes debido a sus necesidades económicas, como en el caso de Estados Unidos y China.

La disparidad de recursos plantea cuestionamientos sobre la equidad en la educación para la sustentabilidad en países subdesarrollados.

Por su parte, la dinámica inherente a la confrontación entre la promoción de una educación orientada a la sustentabilidad y las estructuras económicas vigentes, una tensión que se manifiesta de manera conspicua en naciones caracterizadas por modelos extractivistas como el caso paradigmático de Chile, introduce estratos suplementarios de complejidad a la intersección entre la esfera educativa y las prácticas económicas. Estas economías, sustentadas en la explotación intensiva de recursos naturales, han gestado consecuencias ambientales de magnitud significativa, desencadenando un conflicto intrínseco entre el fomento educativo hacia la sustentabilidad y las arraigadas prácticas económicas fundamentadas en una extracción no sustentable. La contradicción inherente entre la imperante necesidad de reconfigurar la educación en pos de la sustentabilidad y la inercia de una estructura económica que perpetúa la extracción irresponsable de recursos, erige una dicotomía estructural que genera dificultades importantes sobre cómo conciliar esta educación y un capitalismo extractivista sin espacio a la discusión.

Por lo tanto, la emergencia de esta tensión plantea la interrogante acerca de la viabilidad de armonizar las aspiraciones educativas hacia la sustentabilidad con las realidades y exigencias de un entorno económico arraigado en prácticas extractivas. Este escenario complejo no solo evidencia las contradicciones entre la educación y la economía, sino que también arroja luz sobre las intricadas relaciones de poder que caracterizan la intersección de estos dos dominios cruciales para la configuración del devenir socioambiental. La persistencia de modelos económicos que chocan con los preceptos de sustentabilidad, plantea desafíos a las estructuras del poder político que trascienden la mera esfera educativa, resonando en los fundamentos mismos de la gestión económica y la toma de decisiones a nivel nacional. En este sentido, la complejidad intrínseca de esta tensión reside en la aparente divergencia de objetivos entre la esfera educativa, orientada hacia la justicia climática y la esfera económica, dirigida a la acumulación de capital.

Con relación a esto, Max-Neff et al. (1986: 9), al abordar la situación en América Latina, señala que la respuesta política a la ineficacia de las instituciones frente al poder financiero y la pérdida de control ciudadano responde a la ineficacia de las instituciones frente al poder financiero y la pérdida de control ciudadano. Factores como la tecnificación del control social y la carencia de una cultura democrática contribuyen a la inestabilidad en el ámbito político. Además, en el ámbito económico, cambios profundos como la globalización, el predominio del poder financiero, la crisis del Estado de bienestar y las innovaciones tecnológicas ejercen un impacto significativo en los países en desarrollo.

En el campo económico, en efecto, Max-Neff (2008) arguye que la configuración económica contemporánea es, en esencia, un vestigio del siglo XIX que procura abordar problemáticas intrínsecas al siglo XXI. Este planteamiento ofrece una perspicaz visión acerca de la disonancia temporal que impera entre las estructuras económicas vigentes y las demandas contemporáneas de una realidad caracterizada por desafíos complejos y emergentes. La crítica de Max-Neff pone de relieve la incongruencia fundamental entre el marco conceptual de la economía neoclásica, caracterizada por su matematización, y abordada casi sin discusión de sus fundamentos y las imperativas de sustentabilidad promovidas en el ámbito educativo. Este contraste subraya la imperiosidad de una recalibración radical de los fundamentos que sustentan la actividad económica, los cuales trasgreden los “bienes comunes”. Estos últimos, intrínsecos a la sociedad, adquieren una trascendencia fundamental dado que son heredados y creados con miras a constituir la riqueza y felicidad de las generaciones futuras (Anderies y Janseen, 2013).

Por otro lado, la perspectiva del cosmopolitismo crítico, delineada por el sociólogo Gerard Delanty (2020) desde el ámbito de la teoría social, emerge como una ruta para plantear interrogantes epistemológicas y ontológicas en el contexto actual del Antropoceno(2). Este enfoque se erige como una orientación normativa compartida que busca promover la justicia social a escala global. El paradigma cosmopolita, al trascender la mera contemplación colectiva, podría consolidarse como un marco conceptual que no solo ofrece un fundamento ético, sino también cultural. Su objetivo específico radica en abordar los desafíos medioambientales surgidos como consecuencia del Antropoceno, resultado de la Gran Aceleración posterior a la Segunda Guerra Mundial (2020:3).

Según Delanty (2020:2), el Antropoceno no constituye únicamente una condición objetiva de cambio planetario, sino también una categoría interpretativa que refleja la introspección de las sociedades contemporáneas sobre sí mismas y la vida. De este modo, la propuesta de Delanty se presenta como una oportunidad para articular el Antropoceno y el cosmopolitismo. En este sentido, el Antropoceno puede conferir al cosmopolitismo una nueva relevancia política, mientras que el cosmopolitismo puede proporcionar al Antropoceno una filosofía política y una teoría social.

La emergencia de un enfoque cosmopolita crítico en el análisis de la crisis medioambiental revela un potencial transformador en la intersección de la teoría sociológica y las problemáticas ecológicas. Al abrazar la noción de cosmopolitismo, este enfoque propuesto no se limita a una mera perspectiva global, sino que busca una comprensión profunda y crítica de las estructuras de poder, las identidades culturales y las dinámicas sociales que subyacen en la relación entre la humanidad y su entorno.

La emergencia de un enfoque cosmopolita crítico en el análisis de la crisis medioambiental revela un potencial transformador en la intersección de la teoría sociológica y las problemáticas ecológicas.

No obstante, sostengo que resulta imperativo destacar las perspectivas de Delanty y sus limitaciones prácticas dentro del marco de un mundo cada vez más diverso y complejo. En este entorno de creciente diversidad, las dinámicas de coordinación se vuelven intrínsecamente más complicadas, exacerbando la magnitud del desafío asociado con la implementación de un cosmopolitismo crítico. En este sentido, mi argumento se asemeja a la noción de “crisis de la utopía”, entendida como la pérdida de la capacidad de concebir alternativas viables (Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn, 1986:10). La multiplicidad de contextos culturales, políticos y económicos implica que la reflexión colectiva y la construcción de una orientación normativa conjunta se ven inmersas en una red intrincada de variables, donde la variabilidad contextual añade capas de complejidad al proceso, especialmente en regiones periféricas afectadas por la propagación de las economías desarrolladas. Se evidencia esto, por ejemplo, en países africanos que albergan vertederos de desechos tecnológicos de naciones desarrolladas(3), así como en nuestro propio país, que cuenta con un depósito de ropa en pleno desierto de Atacama(4).

La intrincada coordinación de acciones en este escenario plantea cuestionamientos sustanciales acerca de la viabilidad práctica del enfoque de Delanty u otra en la línea de Max-Neef. La diversidad de perspectivas, intereses y objetivos entre los actores globales configura un entramado complejo que exige una consideración meticulosa. La brecha entre la teoría y la aplicación concreta se amplía, ya que la variedad de interpretaciones y enfoques introduce desafíos adicionales en la ejecución de un cosmopolitismo crítico que trascienda el ámbito conceptual para convertirse en una guía normativa palpable en la acción global. De hecho, existen individuos que, por ejemplo, no suscriben a la creencia en el cambio climático y la justicia social global.

En este contexto, resulta plausible que una educación enfocada en la sustentabilidad en las instituciones universitarias se vea confrontada con desafíos similares si los gobiernos persisten en la implementación de políticas económicas perjudiciales para el medioambiente. Hasta ahora, los impactos del cambio climático perduran y se manifiestan, mientras que las élites económicas muestran una falta de consideración al respecto.

En conclusión, este ensayo ha abordado la problemática asociada a la implementación de programas educativos sustentables. Aunque el análisis adopta una perspectiva algo pesimista, resulta innegable la influencia significativa del poder económico y las disparidades entre países desarrollados y subdesarrollados. La tensión manifiesta entre la educación orientada a la sustentabilidad y un modelo económico extractivista, ejemplificado en naciones como Chile, plantea desafíos paradigmáticos que demandan una redefinición integral de los objetivos educativos y de las experiencias de aprendizaje.

Las IES emergen como actores clave, debiendo replantear sus enfoques académicos, integrando la perspectiva de la sustentabilidad en todas las disciplinas. No obstante, la divergencia de recursos y realidades entre IES de países desarrollados y subdesarrollados plantea interrogantes sobre la equidad y accesibilidad a una educación sustentable, demandando mecanismos de apoyo y colaboración a nivel internacional.

Por último, la emergencia del cosmopolitismo crítico como marco conceptual sugiere una orientación normativa compartida para abordar desafíos como los medioambientales, pero se plantea su viabilidad práctica en un mundo diverso y complejo. Asimismo, la complicación inherente a la coordinación global para implementar este enfoque destaca desafíos sustanciales entre la teoría y la aplicación concreta.

BIBLIOGRAFÍA

— Anderies, J., & Janssen, M. (2013). Sostenibilidad de los bienes comunes. Center for Behavior, Institutions and the Environment, Arizona State University. Recuperado de https://sustainingthecommons.org/wp-content/uploads/2020/09/Sostenibilidad-de-los-Bienes-Comunes-v2.0.pdf
— Delanty, G. (2020). Challenges of Globalization and the Cosmopolitan Imagination: The Implications of the Anthropocene. En B. Axford, A. Brisbourne, S. Halperin y C. Lueders (Eds.), Political Sociologies of the Cultural Encounter. Londres: Routledge.
— Max-Neef, M. (2008, 2 de octubre). “La Economía” [Video]. YouTube. URL del video: https://www.youtube.com/watch?v=0jPBXbG0w7A
— Max-Neef, M.; Elizalde, A.; Hopenhayn, M. (1986). Desarrollo a Escala Humana: una opción para el futuro. Cepaur Fundacion Dag Hammarskjold. Recuperado de https://www.daghammarskjold.se/wp-content/uploads/1986/08/86_especial.pdf
— Orr, D. (1991). What Is Education For? Six myths about the foundations of modern education, and six new principles to replace them. The Learning Revolution (IC#27). Context Institute. Retrieved from https://www.context.org/iclib/ic27/orr/


(1) Véase al respecto, https://www.ucn.cl/ucn-transparente/politica-de-sustentabilidad-ucn/
(2) Esta perspectiva, según lo discutido en clases sobre la imperativa formación y revelación de agentes de cambio, se manifiesta como una dimensión intelectual-cognitiva.
(3) FRANCE 24 Español. (2019, 22 de junio). Agbogbloshie, el basurero electrónico presente en Ghana [Video]. YouTube. URL del video: https://www.youtube.com/watch?v=Aadj-IEZWZg
(4) BBC News Mundo. (2022, 26 de enero). El inmenso “basurero del mundo” de ropa usada en el desierto de Atacama [Video]. YouTube. URL del video: https://www.youtube.com/watch?v=0HZl9_MhwFc


Imagen: Pexels.

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