El aceite simboliza el cultivo interior, la relación personalísima con Dios que hace posible la espera y el encuentro en medio de la noche y la adversidad. Si no cuidamos el aceite del corazón podemos perder el horizonte del encuentro y hundirnos en el desespero y el inmediatismo que cierra la puerta a la esperanza.
Hoy Jesús nos presenta la parábola de las diez doncellas. Cinco prudentes y cinco imprudentes. Las diez están a la espera del novio. Las diez tienen las lámparas encendidas. Las diez desean encontrarse con el novio. Las diez están en medio de la noche y la noche en la Biblia es signo de adversidad. Las diez cabecean y se cansan, le flaquean las fuerzas.
Entonces, ¿qué hace la diferencia entre unas y otras? El punto está en el aceite que hace posible la permanencia del fuego. Ese aceite es intransferible, es responsabilidad de cada una. Por eso las prudentes no pueden entregar el aceite a las imprudentes.
La espera es un acto absolutamente personal que nada ni nadie puede sustituir, y hacerlo sería irresponsable de lado y lado; por eso, las prudentes son firmes y severas ante las negligentes. El aceite simboliza el cultivo interior, la relación personalísima con Dios que hace posible la espera y el encuentro en medio de la noche y la adversidad.
En estos tiempos tan difíciles que vivimos, donde la noche con rostro de hambre, sufrimiento y muerte toca cotidianamente a nuestra puerta, es humano cabecear y cansarse, pero si descuidamos el cultivo del corazón, la relación con el Señor de la esperanza, es decir, si no cuidamos el aceite del corazón podemos perder el horizonte del encuentro y hundirnos en el desespero y el inmediatismo que cierra la puerta a la esperanza. Estar alerta, vigilante, es cultivar el aceite del corazón.
La diferencia entre la sensatez y la imprudencia está en el cuidado de la vida interior, porque de esto depende la calidad y perseverancia de la luz en medio de las tinieblas.
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Fuente: http://revistasic.gumilla.org