El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Un Mesías que invita a la alegría”

Un rey justo y victorioso. No con la justicia del que juzga, sino la justicia del Altísimo, la justicia del Padre hecha carne.

Rosa Estela Yáñez Poblete

03 abril, 2020, 4:14 pm
8 mins

Domingo 5 de abril, 2020
Fiesta de Domingo de Ramos
Evangelio de San Mateo 21, 1-11

Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles:

«Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: ‘El Señor los necesita y los va a devolver enseguida’».

Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: «Digan a la hija de Sión:

Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga».

Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús montó sobre él. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».

Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?». Y la gente respondía: «Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea».

UN MESÍAS QUE INVITA A LA ALEGRÍA

El Evangelio de este domingo abre las celebraciones de “La Semana Santa”, y lo hace invitándonos a celebrar una gran fiesta, a compartir la alegría de los que siempre han estado fuera de la ciudad, a celebrar desbordando las calles, cantando en ellas y aclamando a Aquel que es la alegría. Es decir, nos invita a una gran fiesta popular.

En efecto el relato señala que Jesús, ya muy cerca de Jerusalem, manda a sus discípulos al pueblo de enfrente a buscar una burra, que se encuentra atada junto con su cría; los envía con la siguiente recomendación: “Si alguien les pregunta por qué, respondan “el Señor los necesita y los devolverá”. “El Señor los necesita” es la única vez, en todo el Evangelio según san Mateo, que escuchamos a Jesús llamarse a sí mismo Señor; de esta manera Jesús da inicio al cumplimiento de la promesa que el pueblo fiel ha esperado desde siglos: llega a ellos un Redentor, un Mesías, el Altísimo los visita, el Mesías, ese alguien que con su presencia les llenará de alegría pues Él es la presencia de Dios que llega y los salva.

Escuchemos la voz que resuena en el corazón esperanzado de la muchedumbre, de aquella gente sencilla, de los habitantes de las aldeas y pueblos de la tierra de Jesús, dejemos que esa voz nos una a la alegría de tantos y tantas que vieron a Jesús montado en el asna, dirigirse a la Ciudad Santa:

“¡Exulta sin freno, Sión, grita de alegría, Jerusalem! Que viene a ti tu rey. Justo y victorioso, humilde y montado en un asno, en una cría de asna” (Zac 9,9).

Un rey justo y victorioso. No con la justicia del que juzga, sino la justicia del Altísimo, la justicia del Padre hecha carne.

Toda esta alegría sencilla y desbordante, desordenada y compartida, contrasta con lo que sucede al interior de Jerusalem. Seguramente ante tal alboroto, que se dirige hacia la ciudad, ante tanto “Hosanna” del pueblo, ante tanto baile y canto los oídos no acostumbrados a esas expresiones se sentirán extraños y quizá también para nuestros oídos modernos “Hosanna” no tenga un sentido festivo, es una expresión que se repite, que se hereda. En su lengua de origen, el arameo, “Hosanna” tiene el sentido de “salva-rescate-salvador”. Así, lo que escuchan los habitantes de Jerusalem es: “Salva-rescate-salvador hijo de David”, eso es lo que canta la gente que viene delante de Jesús y que con gesto espontáneo, nos relata Mateo, ponen sus mantos a tierra para que sobre ellos pase ese que es el que Salva, el que Rescata, el hijo de David.

El evangelista Mateo agrega: “Cuando entró en Jerusalem la ciudad se conmovió. Son las entrañas de la ciudad santa que se conmueven ante la llegada de Jesús, el Mesías. Un desconocido para aquellos que preguntan: ¿Quién es este?, ¡Jesús el profeta de Galilea¡, responden.

¡Cuántas veces la alegría popular ha pasado delante de muchos que han vuelto la cara por encontrar molesta esa expresión, salida de todos los cánones, ajena a todo cálculo! Eso celebramos los cristianos este domingo. Pero hoy no hay fiesta, no habrá cantos ni procesiones, un silencio se extiende. Un distancia social nos exhorta a separarnos, pero ¿pueden los cristianos callar la alegría de la fiesta, claro que hoy no hay fiesta? Ciertamente que no, hoy estar separados, celebrar en la intimidad de la casa, es un gesto también de alegría ante el Mesías Manso y Victorioso que nos visita.

Hoy me separo para compartir la vida y cuidarla y en la confianza del Salvador, comuniquemos esa confianza a los otros, hoy las redes sociales son las ramas de olivo con las que podemos aclamar “Hosanna” a Jesús que nos visita, llamando a quienes queremos cuidar y expresando lo importante que son para nosotros.

Feliz Fiesta de Domingo de Ramos, el Dios de Todo consuelo llega a nosotros, montado en una burra, Manso y Sencillo para hacer el gozo sin fronteras de Su pueblo.

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Teóloga. Santiago. Mujeres Iglesia Chile.