Elisa Loncon: «Estamos en condiciones de autodirigir nuestro futuro»

La convencional constituyente, en entrevista otorgada días antes de ser elegida Presidenta de la Convención, se refirió a sus expectativas sobre el futuro del país tras el estallido social y sobre la defensa de los derechos de su pueblo mapuche.

Mujer, mapuche, académica en la Universidad de Santiago y profesora externa en la P. Universidad Católica de Chile —posee un doctorado en Humanidades por la Universidad de Leiden, Holanda—, hoy es presidenta de la Convención Constitucional. Se define como una defensora del mapudungun, lengua que aprendió desde niña en su comunidad ubicada en el Traiguén (asalto de agua) en la Araucanía. “Siempre tuve la inquietud por la palabra, porque creo que la lengua habita en el alma del pueblo”, declara Elisa Loncon Antileo, una de los siete miembros del pueblo mapuche que escribirán una nueva Constitución.

Estos integran la Convención Constitucional luego de que, después de una compleja discusión en el Congreso, se establecieron diecisiete escaños reservados para pueblos originarios. En ellos, se establecieron siete cupos para el pueblo mapuche, para los cuales se presentaron 39 candidaturas, venciendo mujeres independientes como Elisa Loncon, quien obtuvo casi 12 mil votos en el distrito indígena que comprendía las regiones de Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins y Maule. La machi Francisca Linconao, de Padre de las Casas, fue la candidata con más votos, con 15 mil sufragios. Luego le siguió la abogada de Tirúa, Natividad Llanquileo, quien fuera vocera de los presos políticos en 2019, con más de 13 mil votos, y la tercera mayoría fue el exalcalde de Tirúa, Adolfo Millabur, sumando casi 12 mil 300 sufragios. Los siguieron, consecutivamente, la propia Elisa Loncon, la médico veterinaria Isabel Cayúl y Rosa Catrileo, abogada que forma parte de la Comunidad de Historia Mapuche.

Elisa era parte del Consejo de Todas las Tierras mientras se creaba y presentaba públicamente la bandera mapuche en 1992, conocida como Wenufoye, que significa en mapudungun “Canelo del Cielo”. Ofrecemos acá parte de la conversación que sostuvimos con ella, respecto de su visión de lo vivido en Chile en los últimos meses y de las tareas que implica un justo reconocimiento de su pueblo.

¿Qué sintió, durante el estallido social, cuándo vio izarse la bandera mapuche, la Wenufoye, en “Plaza Dignidad”?

El uso de la bandera por parte del pueblo de Chile era algo que nosotros lo habíamos soñado, pues cuando la creamos invitamos a distintos sectores a recibirla, hasta al Gobierno de turno, pero no aceptaron. Al contrario, nos reprimieron y 44 mapuche fueron procesados por asociación ilícita en ese periodo, ¡y eso que estábamos retornando a la democracia! La falta de democracia que produjo el estallido social y que el pueblo chileno haya tomado nuestra bandera, indica que la bandera de Chile solo estaba representado opresión, represión y falta de democracia. Es más libre la bandera mapuche, y es de resistencia.

DISCRIMINACIÓN RACIAL, CONCIENCIA SOCIAL

Para visualizar los dolores que afectan al pueblo mapuche, hay que empatizar con la realidad que viven sus niños y niñas, y las historias transgeneracionales. Así lo relata esta profesora de profesión, quien recuerda que los relatos familiares estaban llenos de historia de discriminación y patriarcado: “Cuenta mi mamá que su papá andaba trabajando de mediero en un fundo, pues no tenía tierra. Producía y después tenía que entregar la mitad de su cosecha al dueño del fundo. Sin embargo, ellos se sentían los dueños de la vida de los trabajadores y en la época de elecciones le ordenaban por quién votar. Mi abuelo siempre tuvo conciencia social y en una elección de Presidente lo acusaron de no votar por el candidato del patrón, lo mandaron a llamar y le preguntaron: ‘¿Por qué no votó por mi candidato?’. Y mi abuelo respondió: ‘Porque soy pobre y voté por un candidato que favorecía a los pobres’. Él era una persona muy clara. Y el patrón le dijo: ‘¿Qué harías si te matara?’. Él respondió que no dependía de él, pues era una decisión del patrón”, recuerda con orgullo Elisa, de la valentía y conciencia política de sus ancestros.

Así como recuerda historias de discriminación, también valora que tuvo una niñez muy linda, con una familia extendida, con sus padres, hermanos, abuelos y diversos familiares que llegaban a su ruca, sumando muchas veces decenas de personas. Su padre era mueblista independiente, lo que le dificultaba tener un salario fijo que cubriera las necesidades de la familia. Sin embargo, ahí estaba su madre, una mujer mapuche que no dependía de los ingresos del marido, para llevar adelante la casa: “La mamá, ejercía una economía autónoma de subsistencia, porque ella generaba los recursos con el cultivo de la huerta. Vendía verduras, huevos y pollo y nosotros le colaboramos. Ahora que yo estaba en campaña, me encontré con las señoras que tenían esta economía de subsistencia autónoma y me hablaron de lo difícil que hoy es recolectar frutos, tener la huerta verde, por todo lo que implica el tema del extractivismo y el daño medioambiental”.

La constituyente mapuche en este relato familiar destacó además que la tierra que tenían era muy erosionada, pero que podían aún contar libremente con el agua, que hoy es muy escasa en los sectores donde creció.

¿Cómo poder resignificar esta historia de heridas y violencia con la que crecen los niños mapuche?

Hay historias de represión y de violencia del Estado, que el niño mapuche ha vivido y sigue viviendo hoy. Nosotros queremos una vida donde se vuelva a armonizar la vida durante la niñez. Necesitamos armonía para seguir viviendo. Nosotros tuvimos esa armonía. La construimos entre niños, con nuestra familia, con nuestros padres, con toda la lucha. Tampoco estuvimos exentos de lo que pasaba, pero la cultura dio elementos para seguir riendo, imaginando el mundo. Fuimos socializados con una oralidad profunda de mucho relato, nutrido del canto y el baile. Pero los momentos de infelicidad también nos golpearon fuerte.

ESTAMOS EN CONDICIONES DE AUTODIRIGIR NUESTRO FUTURO

Respondiendo a la pregunta sobre los puntos-base que deben estar en la nueva Constitución, Elisa Loncon Antileo, responde firme: “Plurinacionalidad, derechos colectivos y autodeterminación”. Sin embargo, no se quiere quedar en estos grandes titulares de campaña:

¿Qué implica acoger la plurinacionalidad?

Esto no es un reconocimiento constitucional, como antes se decía. No es simplemente decir que los indígenas, los mapuche, existen. La Constitución tiene que cambiar la naturaleza del Estado y este tiene que ser plurinacional y albergar a todas las naciones existentes y asumir los derechos colectivos. Para ello es fundamental el derecho a la libre determinación o la autodeterminación. Nosotros tenemos que decidir por nosotros mismos. No podemos seguir aceptando que sean los partidos y que sean los no indígenas, ajenos al pueblo, los que decidan por nosotros. Estamos en condiciones, como todas las naciones, de autodirigir nuestro futuro. Entonces, tiene que haber ejercicio de la libre determinación. ¿Por qué vía? Bueno, hoy lo estamos haciendo vía escaños reservados, idea que a lo mejor se puede instalar y que va a depender del movimiento indígena. Tiene que haber representación indígena.

Respecto a los derechos territoriales, Loncon es enfática en afirmar que no están en contra de la propiedad privada y apunta a que, como Pueblo Mapuche, necesitan de la tierra para seguir viviendo y hacer sus ceremonias: “No hay problema con los derechos individuales, en la medida en que no hagan daño a nuestra propiedad. Entre nosotros mismos hay propiedad privada, pero debe haber propiedad colectiva también. Sobre todo, en los santuarios, los lugares de biodiversidad, los ríos, las montañas, que son elementos que tienen simbolismos espirituales para nosotros”.

Respecto de la autonomía, ¿qué propuestas o modelos específicos de autonomía contempla que puedan ir en la nueva Constitución?

Estamos hablando de autonomía territorial y política, que es la autodeterminación. La nación mapuche tiene un territorio que se llama Wallmapu y ahí es necesario ejercer autonomía. Por ejemplo, uno podría pensar en las primeras naciones de Canadá con sus límites en su autonomía territorial y sus escaños reservados para elegir a sus representantes en el parlamento. Entonces, esto implica tener un Gobierno Mapuche. En España, están los gobiernos vasco, catalán, gallego, los que tienen sus parlamentos políticos propios y poseen políticas propias. Eso es lo que queremos establecer.

Los siete constituyentes mapuche —en su gran mayoría mujeres— coinciden en que este sea un proceso abierto y representativo de sus comunidades. Como sabemos, los conflictos que subyacen en el territorio mapuche son diversos y están protagonizados por comunidades y actores diversos. Por eso, Elisa insististe en que el proceso debe ser lo más democrático posible y respetuoso de su cultura: “Se tiene que aprobar un reglamento, el cual adecuaremos a nuestra lengua, cultura y forma de tomar decisiones. Nosotros hacemos un trawün (encuentro o asamblea tradicional mapuche) para tomar decisiones y habrá que instalarlo dentro del reglamento. Que se adecue a la pertinencia lingüística y social de las organizaciones, a la autoridad originaria. Las decisiones deben tomarse en mapudungun. No puede ser un reglamento urbano. Tiene que ser definido por nosotros y por todos los territorios”, responde, cuando se le pregunta cómo incluir a las comunidades en el proceso constituyente.

Desde niña, relata esta académica y defensora del mapudungun, tuvo inquietud por la palabra y deseo de aprender y por eso decidió estudiar pedagogía en Inglés en la Universidad de la Frontera de Temuco. Extrajo de la pedagogía las herramientas para generar metodologías de enseñanza y aprendizaje de su lengua ancestral, y por eso ha dedicado su vida a revitalizar el mapudungun, haciendo clases a comunidades y en espacios comunitarios.

Enfatiza que no considera válido que falten en la Constitución los derechos lingüístico culturales: “Necesitamos seguir siendo indígenas y no sacamos mucho con recuperar la tierra si no le colocamos pensamiento, valores originarios, valores mapuche a esa tierra. No podemos seguir siendo los extractivistas de nuestro propio territorio y eso se logra al mantener nuestro pensamiento, al cultivar el pensamiento y la filosofía mapuche”. MSJ

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