Escritura desde el borde, desde la cicatriz

La escritura poética está motivada por la cicatriz. Solo hay escritura poética en medio de la fractura, del límite y de la cicatriz.

1. La cicatriz es un modo de escritura para la filosofía, para la teología y para la poesía. Hay una escritura cicatrizada. El acto de escribir sobre el papel en blanco es provocar una cicatriz en el soporte de la página. Surge una comunión de cicatrices.

2. La filosofía está vinculada con la cicatriz. La filósofa Diana Aurenque propone una filosofía como terapéutica. Hay terapéutica porque hay cicatriz. La filosofía abre una cicatriz y por ello no puede ser condescendiente con los sistemas de normalización, sino que incluso debe herir el mismo modelo y provocar una cicatriz.

3. La cicatriz no es solo física e histórica. Es también simbólica. Por ello la definición de cicatriz: “Impresión que deja en el ánimo algún sentimiento” (segunda acepción).

4. La escritura poética está motivada por la cicatriz. Solo hay escritura poética en medio de la fractura, del límite y de la cicatriz. El poeta Rainer María Rilke, en sus cartas al joven poeta, declara el cómo de esa escritura: “Escudriñe hasta descubrir el móvil que lo impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma”.

5. La cicatriz genera la irrupción de temas desde la profundidad del alma y del cuerpo cicatrizado del poeta: “Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello” (Rilke, Carta 1).

6. La escritura permite la visibilización de la cicatriz. Hay una narrativa cicatrizada. La cicatriz es un texto límite. La cicatriz contiene sinónimos: límite-fractura-frontera-monstruosidad. La poeta venezolana Sara Emanuel Viloria se pregunta: “¿Qué es una frontera? / una cicatriz / donde se escriben despedidas”. Caitlyn Siehl escribe: “En esta historia, te escapas / en esta historia, sangras / en esta historia, sobrevives”. La misma Sara Emanuel Viloria: “¿Qué es el mar, Jonás / sino la herida que se desplaza por tus mejillas?”.

7. La teología debe ser una narrativa desde la cicatriz porque ella, la teología, está constitutivamente cicatrizada, porque evoca su memoria en el Dios-Mesías crucificado-cicatrizado que muestra sus cicatrices (Cf. Jn 20,20).

8. Si la teología cristiana no asume la cicatriz de su Mesías queda infecundo el proceso del escribir-pensar-proponer. Solo en la cicatriz como escritura y como espacio de experiencia de y con la divinidad cicatrizada la teología puede decir.

9. La cicatriz aparece como motivo teológico. La poeta venezolana Gladys Mendía reescribe las Moradas de Tersa de Ávila. El “sesto peldaño” se llama Heridas: “En el sesto peldaño/ varios dolores preñan el cuerpo”. Las palabras escriben la cicatriz del cuerpo y en el cuerpo. El cuerpo es un texto cicatrizado.

10. La cicatriz se grita y se escribe. Gladys Mendía personifica el grito, llamándolo “la grita” y dice que está con quebraduras.

11. ¿Es posible escribir y explicar de manera unívoca la cicatriz? La cicatriz termina con la pretensión de lo unívoco y abre el espacio del relato, por tanto, de lo equívoco. Queda la posibilidad es aprender a narrar y desplazarse a través del modo poético, filosófico y teológico, en cuanto soportes que permiten la impresión gráfica y escritural de la cicatriz.

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