Hawa, una profesora discapacitada inspira a niños con necesidades especiales en Kenia

Una joven somalí que vive en el campamento de refugiados de Kakuma.

“La educación ha sido muy importante para mí. Si me hubiera quedado en casa, solo pensaría que soy discapacitada, que no puedo hacer nada, que no sirvo para nada… pero gracias a la educación y al apoyo del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), ahora soy profesora. Y ahora estoy orgullosa de ser profesora, de lo que soy”.

Hawa es una joven somalí que vive en el campamento de refugiados de Kakuma, Kenia. Hawa es parapléjica del lado derecho a causa de una negligencia médica cuando era una niña en Somalia.

A los cuatro años, Hawa se enfermó y la inyección que le pusieron afectó a la parte izquierda de su cerebro, lo que derivó en un grave problema de movilidad en la parte derecha de su cuerpo, la vista y el habla.

Después de algunos años, pudo curarse lentamente de la mayoría de las consecuencias sufridas, pero no de los problemas de movilidad en su brazo y pierna derechos.

En comunidades campesinas como la suya, con escaso o nulo acceso a la educación, la concienciación sobre las personas con discapacidad es muy baja o inexistente. Su padre, tras ver lo que le ocurrió, rechazó su paternidad: “Esta no puede ser mi hija. Esta no es mi hija”. Así que abandonó a Hawa y a su madre.

El índice de abandono de uno de los padres en los casos de niños con discapacidad es muy superior a la norma. El padre puede abandonar por vergüenza y la consiguiente falta de reconocimiento de la paternidad del niño o de la niña y entonces la madre puede alejarse por la culpa y el estigma. Por tanto, las consecuencias de nacer o desarrollar una discapacidad a una edad temprana son más graves que la propia discapacidad.

Tras este episodio, la madre de Hawa no pudo manejar la situación por sí misma, así que envió a su hija con su abuelo al campamento de refugiados de Kakuma, donde se reunieron de nuevo más tarde.

Una vez en Kakuma, el JRS conoció el caso de Hawa y comenzó a apoyarla dentro del programa de Educación Inclusiva. La apoyaron con una beca para un internado y más tarde empezó a trabajar en los centros de Educación Inclusiva del JRS. Empezó como asistente de guardería, y ha ido creciendo hasta convertirse en profesora en una de nuestras escuelas.

Hawa no es la única profesora discapacitada en la clase de Educación Inclusiva del JRS. Este tipo de modelos a los niños que tienen necesidades especiales les ayuda a construir el discurso de la resiliencia y el empoderamiento.

Ella confiesa: “Lo que más me gusta es enseñar a niños que tienen discapacidad como yo. Es bueno que vean que alguien como ellos es profesor, para que vean que podemos hacer cualquier cosa; ‘si mi profesor puede, ¿por qué yo no?’, pensarán”.

Vivir en el campamento como persona con necesidades especiales no es fácil. Sin embargo, Hawa es una mujer fuerte a la que le gusta ver el lado bueno de la vida, y le gusta remarcar las oportunidades más que los retos.

Vivir en el campamento como persona con necesidades especiales no es fácil. Sin embargo, Hawa es una mujer fuerte a la que le gusta ver el lado bueno de la vida.

No obstante, cuando se le pregunta por sus principales retos, menciona los procesos burocráticos. Los refugiados tienen que hacer cola durante horas para obtener su ración de alimentos, o para conseguir algunos documentos, u otros pequeños trámites. Y estos procesos no se han adaptado para personas como Hawa.

“Cuando tengo que ir al ACNUR para obtener algunos documentos, tengo que estar de pie durante muchas horas y eso es algo que no puedo hacer… ese es mi mayor reto en Kakuma”, dijo.

También menciona que ir a buscar agua es algo que no puede hacer sola y que siempre tiene que depender de otras personas para hacerlo, porque no puede llevar las botellas de agua desde los pozos.

Hawa no está casada y no tiene hijos. Esto, a su edad (casi 30 años), y como mujer somalí, es algo inusual.

Existe una creencia común entre algunas comunidades de la región por la que las madres son las responsables del buen desarrollo del niño. Si un niño nace con una deficiencia o discapacidad específica, es culpa de las madres. Si una pareja no consigue concebir, o tener hijos, es culpa de las madres.

Esa es una de las razones por las que Hawa ha tenido dificultades para encontrar un hombre: nadie quiere que ella dé a luz a su hijo, por miedo a lo que pueda pasarle a ese bebé.

Y una mujer que no está casada conlleva un enorme estigma entre la comunidad, que puede convertirse en una exclusión aún mayor que la que suponen sus necesidades especiales por sí mismas.

El JRS trabaja día a día para concienciar al campamento sobre la realidad de personas como Hawa, para ayudar a hacer de esta comunidad una comunidad de inclusión y apoyo.

Hawa es un ejemplo de resiliencia y verla hablar de “sus hijos”, refiriéndose a sus alumnos, con un brillo en los ojos, es una experiencia satisfactoria.

Gracias, Hawa, por ser un ejemplo para nosotros y para todos los niños de tu escuela.


Fuente: Historia publicada por el JRS en África Oriental / https://jrs.net/es / Imagen: Servicio Jesuita a Refugiados.

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