Malaui: Christella, defensora de la educación de las niñas refugiadas

La tarea de ayudar a las jóvenes a acceder a la educación, a tener oportunidades y a participar debería ir más allá del trabajo de organizaciones como el Servicio Jesuita a Refugiados.

Servicio Jesuita a Refugiados

03 septiembre, 2019, 2:19 pm
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Christella es una chica de 13 años que lleva casi tres años viviendo en el campamento de refugiados de Dzaleka, en Malaui. Ahora va a la escuela gracias al apoyo del JRS.

Christella es una defensora acérrima de la educación y de que otras niñas como ella tengan oportunidades. En Dzaleka se incorporó al Club Naweza, parte del Proyecto Naweza (que en suajili significa «Yo puedo») del JRS. El proyecto, creado conjuntamente con la Fundación Fidel Goetz, tiene como objetivo empoderar a las niñas refugiadas y aumentar su acceso a una educación de calidad, a la seguridad y al bienestar en general. Las actividades del Club enseñan a las jóvenes de Dzaleka lecciones tan valiosas como defender sus derechos. «Malaui está haciendo un buen trabajo en favor de las niñas», dice Christella. Sin embargo, cree que la tarea de ayudar a las jóvenes a acceder a la educación, a tener oportunidades y a participar debería ir más allá del trabajo de organizaciones como el JRS. La familia y la comunidad deben asumir esta responsabilidad para que puedan producirse cambios importantes para las mujeres en todos los niveles de la sociedad.

Christella ha demostrado ser una firme defensora de la educación y del trabajo duro. Recientemente, ganó un concurso de redacción con un ensayo en el que trataba tres temas clave que afectan negativamente la vida de niñas y mujeres en Malaui: el matrimonio infantil, la negación del derecho a una educación superior y el abuso sexual. Ella quiere promover centros donde las mujeres y las niñas puedan aprender más sobre sus derechos, y ha expresado su deseo de establecer una escuela para esas mujeres mayores que nunca tuvieron la oportunidad de completar su educación.

«Las niñas deben seguir con la educación porque es importante», dice Christella. “Muchos de nuestros padres no fueron a la escuela; sin embargo, en esta generación, sin estudios, no conseguirás un trabajo. Las chicas deben ir al colegio”.

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Fuente: https://jrs.net

El Servicio Jesuita a Refugiados es una organización católica internacional que trabaja en más de 50 países, con la misión de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos.