Nos lleva en su corazón (Jn 16, 28)

La encarnación no es un momento puntual, sino que es toda la vida de Jesús, la ascensión nos abre a un nuevo momento: el del Espíritu.

Alfredo Infante sj

06 junio, 2019, 10:59 am
4 mins

Hay muchos cristianos que hacen de su fe en Jesús una vía de escape de las situaciones que viven, piensan que la fe es una cápsula para protegerse y refugiarse de las tormentas del mundo. No juzgamos a quienes así piensan y actúan porque, sin duda alguna, ante tanta adversidad huir de la situación es siempre una gran tentación humana. Pero la huida ante los problemas y adversidades nunca es solución, utilizando una imagen del argot popular tenemos que decir que huir es «correr la arruga». No hay solución, los problemas quedan intactos y tarde o temprano volverán y, esta vez, como un tsunami arrasador.

La fe en Jesús, por el contrario, nos lleva a mezclarnos en las realidades del mundo, a ser fermento en la masa (Mt 13, 33), a afrontar las tormentas y desafíos, y, aunque no salimos ilesos, salimos fortalecidos y con más sabiduría.

En el Evangelio, Jesús nos prepara para su ascensión, y nos aclara que no es una huida sino una decisión desde el amor, por eso la inscribe en el horizonte de la encarnación, «salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre» (Jn 16, 28). Lo segundo se fundamenta en lo primero, es un mismo acontecimiento. La encarnación no es un momento puntual, sino que es toda la vida de Jesús, la ascensión nos abre a un nuevo momento: el del Espíritu. Este «salí del Padre y he venido al mundo», hace referencia al «tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).

El Hijo que asciende al Padre es el plenamente humano, hermano, herido de cruz, es el resucitado que muestra el costado, no va ileso, y nos lleva en su corazón, por eso la Iglesia seguidora de Cristo y, en ella, el creyente concreto, está llamada a compartir «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren… Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón…, por ello la Iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia» (GSI).

Por eso, el Papa Francisco insiste: «Prefiero una Iglesia accidentada que enferma por la comodidad». ¿Qué implica vivir el misterio de la encarnación-ascensión hoy en Venezuela? ¿Qué implica este acontecimiento espiritual en un país donde el Estado sistemáticamente viola los derechos humanos? ¿Qué nos dice esta Palabra a la dolorosa realidad de las muertes de niños y niñas del JM de Los Ríos, mientras el régimen invierte millones de dólares en armas, equipos militares y uniformes?

Oremos: Señor Jesús, danos la sabiduría y fortaleza necesarias para afrontar los desafíos que la situación nos presenta. Que lo podamos afrontar con fe, coraje y dignidad. Gracias por volver al Padre con tu corazón repleto de humanidad, gracias por llevarnos al Padre.

«Sagrado corazón de Jesús, en vos confío».
Parroquia San Alberto Hurtado.
Parte Alta de La Vega. Caracas-Venezuela.

_________________________
Fuente: http://revistasic.gumilla.org

Jesuita. Escribe para revista SIC de Venezuela.

Artículos anteriores

Él está ahí

Artículos siguientes

Para toda la vida