Revista Mensaje N° 695: «¿Puede el hidrógeno verde cambiar mi vida?»

A este combustible, para cuya generación Chile tiene un inmenso potencial, debemos considerarlo como una transición hacia una energía limpia.

Pablo Barañao

25 diciembre, 2020, 10:30 am
18 mins

Todo ser vivo necesita energía para vivir y desarrollarse, pero el ser humano ha llevado este principio biológico a niveles extremos como consecuencia del desarrollo de su civilización. Pensemos, por ejemplo, en la energía que se requiere para poner a un ‘turista espacial’ en órbita alrededor del planeta solo por el goce de la microgravedad y el paisaje. O algunos ejemplos más cercanos: viajar en automóvil, calefaccionar, escuchar música, todo requiere energía. Es por ese tipo de hábitos que un habitante de Catar consume a diario una cantidad de calorías similar a un cachalote.

Para obtener esa energía utilizamos, en gran medida, fuentes fósiles, almacenadas en la corteza terrestre durante millones de años. Quemamos cada día lo que la Tierra tardó mil cuatrocientos años en acumular, y con ello aumentamos la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, principal gas de efecto invernadero. Esto ocurre porque el carbono naturalmente se encuentra en un ciclo: las plantas capturan carbono de la atmósfera y la acumulan, similar a los animales, y cuando mueren el carbono vuelve a la atmósfera. Este ciclo es, a grandes rasgos, carbono-neutral, es decir, los flujos en un sentido compensan los flujos en el otro sentido. Pues bien, los combustibles fósiles rompen ese equilibrio al trasladar carbono acumulado bajo el suelo a la atmósfera a una tasa inusitada para estándares geológicos. Los principales responsables de este cambio climático son el carbón, el petróleo y sus derivados, y el gas natural, los que representan aproximadamente el 70% del problema global.

Adicionalmente, estas fuentes de energía fósil generan otros problemas ambientales: contaminación del aire, generación de efluentes líquidos, residuos, ruido, etc.

Las alternativas disponibles a estas fuentes de energía fósil son la energía nuclear, que viene aparejada a sus propios desafíos ambientales y sociales, y las energías renovables, cada vez más baratas y accesibles. La energía hidroeléctrica, una de las renovables, ha tenido un rol muy importante en el desarrollo de Chile, pero no es capaz de asegurar un suministro confiable en años secos, por ejemplo, y enfrenta la restricción que debe desarrollarse donde se encuentra el recurso, a menudo sitios de alto valor paisajístico.

Como consecuencia de lo anterior, durante los últimos años Chile ha experimentado una verdadera revolución. Cientos de proyectos eólicos y solares, más otros tantos de biomasa, biogás y geotermia, han incrementado significativamente la participación de las energías renovables de nuestra ‘matriz’ energética, es decir, del conjunto de fuentes diversas que nos satisfacen cada vez que prendemos el interruptor.

HIDRÓGENO: OPCIÓN DE ALMACENAMIENTO DE ENERGÍA LIMPIA

Hasta aquí el hidrógeno no juega ningún rol. ¿Por qué? Porque no es una fuente de energía, sino solo un medio para almacenarla. No es el único, pero hoy se presenta como el más promisorio.

¿Cuál es el objetivo? Almacenar energía eléctrica generada de manera renovable, es decir, limpia, y mantenerla disponible para aplicaciones fuera de la red (por ejemplo, en vehículos), producir en momentos en que no haya oferta renovable suficiente (por ejemplo, de noche), o exportar de una manera similar a como hoy importamos gas natural licuado (GNL).

En cualquiera de sus formas de uso, el hidrógeno permitirá desplazar parte de la energía que hoy ocasiona efectos ambientales indeseados, de una manera limpia y sustentable. De ahí el calificativo de “verde”, como se puede sospechar. El hidrógeno es incoloro, y el apelativo de verde se refiere a su potencial bajo impacto.

El hidrógeno verde, desde luego, no es la única tecnología de almacenamiento: baterías, agua bombeada a un embalse en altura, aire comprimido y sistemas giratorios de alta inercia son otras opciones. Sin embargo, ninguna de ellas presenta las ventajas que tiene el hidrógeno, principalmente por la densidad de almacenamiento; es decir, la energía que puede almacenar en una unidad de volumen o de peso.

Este contenido está disponible sólo para los suscriptores activos de Revista Mensaje. Si eres suscriptor, ingresa aquí, o bien, sigue aquí las indicaciones para suscribirte o renovar tu suscripción a nuestra revista.

Ingeniero Civil, M. A. Sc., consultor ambiental.