Revista Mensaje N° 697: «La pandemia, un año después»

Una pregunta crítica en esta pandemia es ¿cómo afrontar efectivamente nuestros déficits? ¿Cómo atacar enfermedades de base extendidas en nuestra población? ¿O una baja inversión en salud, con sistemas que no han permitido enfrentar la pandemia? ¿O es que la población no siguió las indicaciones preventivas?

Fernando Vio del Río

19 abril, 2021, 4:23 pm
23 mins

Hace un año, al inicio de la pandemia, nunca pensamos que iba a ser tan prolongada, tan profunda, tan incierta y que después de tantos meses íbamos a estar igual que al inicio, con gran número de casos y muertes diarias y con una ocupación casi total de las camas de Unidades de Cuidado Intensivo (UCI). Las cifras son decidoras: en Chile hay más de 900.000 casos y 22.000 muertos y en el mundo 119 millones de casos y 2.650.000 muertos. Por lo tanto, es necesario hacer una evaluación general de lo que ha significado esta pandemia para cada una de las personas y para la humanidad en su conjunto.

Es así como nadie imaginó en sus inicios la magnitud y profundidad de la crisis: su magnitud no puede ser mayor porque ha llegado a todos los confines de la tierra, incluida la Antártida, y su profundidad es imposible de cuantificar en el corto plazo.

Esta pandemia ha afectado profundamente a cada una de las personas en su vida cotidiana y el costo para la convivencia social es inimaginable. Por último, es claro que el mundo y las personas no volveremos a ser iguales que antes de la pandemia.

GOBERNANZA

Después de varios traspiés iniciales de la autoridad sanitaria, que no lograba convencer a la población de las cifras de la pandemia y menos de las medidas de cuarentena, aislamiento, trazabilidad y otras que se debían tomar, se logró un afianzamiento, credibilidad y respeto con el cambio de Ministro de Salud. La extraordinaria capacidad comunicacional y de empatía del ministro Paris permitió superar los problemas que hasta entonces había tenido la autoridad sanitaria, dando continuidad y credibilidad a la información. Esto permitió que se centralizara en una persona y su equipo, sin otras interferencias y con el apoyo de la comunidad científica, que evitó la confrontación y entró en una etapa de mayor colaboración y de menor crítica a la autoridad.

Otro acierto fue la elaboración del Plan “Paso a paso” que dio una cierta lógica a las decisiones que se iban tomando, especialmente para establecer las cuarentenas. Sin embargo, la población siguió renuente hasta el día de hoy para cumplir con las medidas sanitarias mínimas exigidas por el bien común y la autoridad, como son el uso de mascarillas, lavado frecuente de manos y la más importante de todas, el distanciamiento físico evitando aglomeraciones, las que se han mantenido e incluso aumentado, llevando los contagios a su máximo nivel desde junio del año pasado. Indignantes han sido las organizaciones de fiestas clandestinas que se han repetido a lo largo del país y otras actitudes ciudadanas que indudablemente han impedido un control de la contagiosidad del virus.

Además, hubo medidas sanitarias poco comprensibles. Pocas veces se había visto algo tan absurdo, discriminatorio, arbitrario y carente de fundamento científico, como fue la restricción de permisos de salida para los adultos mayores de 75 años, que después de varios meses debió ser eliminada. Es cierto que la mayor mortalidad por covid-19 se focaliza en ese grupo, pero si desagregamos las muertes por sus comorbilidades, va a suceder lo mismo que en la población general: tienen más probabilidades de morir aquellos que presentan obesidad, hipertensión, problemas cardiovasculares, diabetes, enfermedades respiratorias crónicas, independiente de la edad que tengan. Del total de los adultos mayores, solo 15 por ciento es dependiente. El resto se mantiene en buenas condiciones de salud y muchos trabajan con alta productividad; pero para mantenerse en buenas condiciones, requieren estar activos y no confinados. Aislar a los adultos mayores es un factor de riesgo grave para su salud y calidad de vida.

Otra medida que no se entendió, pero que fue corregida rápidamente, fue el cierre de las ferias libres para poder comprar frutas y verduras. Estos productos, por su alto contenido de fibra, substancias bioactivas y antioxidantes, son fundamentales para mantener una buena inmunidad, como ha quedado ampliamente demostrado en la literatura médica.

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