Revista Mensaje N° 697. «Nueva Ley de Migración: ¿Solución a los problemas?»

La política migratoria no solo debe hacerse cargo del control de fronteras, sino también de la inclusión de las personas migrantes, la entrega de alternativas reales para la migración regular, la promoción de un discurso inclusivo y del respeto a los derechos humanos de las personas migrantes en toda circunstancia.

Macarena Rodríguez

15 abril, 2021, 3:10 pm
14 mins

El Congreso aprobó en enero de 2020 una nueva Ley de Migración y, luego de la revisión de ciertos artículos por parte del Tribunal Constitucional y que significó la eliminación de seis de sus disposiciones, la normativa ha comenzado a estar vigente. La anterior Ley de Extranjería y Migración de 1975 es, evidentemente, una regulación obsoleta e insuficiente para los tiempos que corren, particularmente por el crecimiento de la migración y por las características que presentan los flujos migratorios actuales.

Antes de analizar algunos de los cambios más relevantes que implicará esta nueva ley, es importante tener presente que la migración es un fenómeno global y en constante crecimiento en las últimas décadas. Hoy se estima que más de 74 millones de personas migran en el mundo, lo que equivale al 3,5% del total de la población mundial (1). Sin embargo, quienes migran buscan como principal lugar de residencia a las naciones más desarrolladas y en esos países la tasa promedio de población migrante es de un 9,8% (2). Más allá de la reducción circunstancial de la movilidad de las personas como consecuencia de la Pandemia por Covid 19, razones como la globalización, las enormes desigualdades entre las economías de los países más ricos y más pobres, la búsqueda de mejores oportunidades y las crisis políticas y/o económicas, hacen que cada vez más personas migren desde sus países de origen a otros. En muchos casos se trata de una decisión muy poco voluntaria, donde la salida constituye más bien la manera de sobrevivir.

Los migrantes que llegan a Chile y que actualmente constituyen el 7,8% de la población total del país, esto es 1.492.522 personas, provienen mayoritariamente de Perú, Haití y Colombia y, en un crecimiento acelerado en los últimos años, desde Venezuela (3). Trabajan principalmente en el comercio, en la industria manufacturera y en la construcción, un 4% se dedica a actividades profesionales, científicas y técnicas (4).

Considerar esta realidad, la fuerza y las motivaciones del fenómeno migratorio es fundamental en cualquier política pública en materia de migración, pues es necesario comprender que ninguna ley que regule la materia funcionará como una válvula que se abre o cierra según las circunstancias del momento: los flujos migratorios obedecen en muchos casos a la búsqueda de satisfacer necesidades básicas, lo cual es muy difícil de contrarrestar o impedir con determinadas medidas.

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Académica de la Universidad Alberto Hurtado; presidenta del directorio del Servicio Jesuita a Migrantes.