Revista Mensaje N° 697: «O el asilo contra la opresión»

La crisis humanitaria que asola a Venezuela implica para los chilenos un deber de solidaridad, en congruencia con aquello a que nos convoca nuestro himno nacional.

Waleska Ureta Cañas

16 abril, 2021, 2:40 pm

Pablo Roessler Vergara

16 abril, 2021, 2:40 pm
15 mins

Imposible es para una persona nacida y criada en Chile no saber la letra de las diferentes estrofas del himno nacional: las enseñan desde el jardín infantil y tal vez antes. Lo mismo, respecto de otros simbolismos, como el escudo y la bandera que nos enseñan a amar incluso más que al valor mismo del ser humano. Glorificamos héroes de guerra que generan división entre el nosotros nacional y el “otro externo. Ello se asocia con lo que autores como Wimmer y Glick Schiller (1) denominan isomorfismo o mimetización entre persona y nación. Sin embargo, poco se analiza qué hay detrás de estos símbolos, y el mensaje que ofrecen para las perspectivas de futuro de una sociedad. Parecen terminar siendo cáscaras que aprendemos automatizadamente.

En la letra del himno nacional de Chile, compuesto por Ramón Carnicer y Eusebio Lillo, se señala explícitamente “Que o la tumba serás de los libres. O el asilo contra la opresión”. En esta última estrofa nos detendremos, para ocuparla como marco conceptual de lo que ha ocurrido con el proceso migratorio actual en Chile en general, y en particular lo ocurrido estos últimos meses en nuestra frontera norte con la crisis humanitaria. En concreto, la pregunta que buscamos abordar es: ¿hemos sido un asilo contra la opresión?

Algo elemental es entender que la migración ha forjado a Chile desde sus inicios. Si, al momento de crear el proyecto de Estado-nación chileno, para el siglo XIX se atrae a inmigrantes europeos, con fines como colonizar territorios y aportar a un “progreso a la europea”, desde los años noventa del siglo XX se da un proceso de inmigración primordialmente latinoamericano (2), (3). De un cierto predominio del blanco europeo (que pareciera que lo hacemos parte de “lo nuestro” con orgullo) se ha pasado al de un inmigrante con presencia de rasgos indígenas y afrodescendientes, lo cual genera conflictos a nivel de imaginario social (con alta herencia colonial), pues aparece todo lo que la identidad nacional ha buscado negar (4), (5). En la encuesta Voces Migrantes (2019) que realizamos desde SJM, se muestra una mayor proporción de experiencias de discriminación en al menos uno de los ámbitos consultados (ser inmigrante; color de piel; apariencia física; nacionalidad; condición económica), discriminación que se dirige a nacionales de países donde existe mayor prevalencia afrodescendiente (un 50% de las personas colombianas y un 47%, haitianas).

Este último proceso migratorio, más propiamente latinoamericano, fue aumentando tanto en cantidad como en diversidad de orígenes: en un inicio, fue mayoritariamente desde países fronterizos, pero ya desde 2010 cambió poco a poco. Así, en 2019 solo una de las cuatro nacionalidades con mayor presencia en Chile proviene de Argentina, Bolivia o Perú: de 1.492.522 que se estimaba que vivían en Chile a diciembre de ese año, el 30,5% son venezolanos, 15,8% peruanos, 12,5% de Haití y 10,9% de Colombia (INE Y DEM, citados en SJM, 2020).

Debemos enfatizar que, más allá de las cifras, en este último proceso migratorio se encuentran personas. Detrás de ellas, existen diversidades de historias. Muchos han venido en búsqueda de mejores oportunidades laborales, pero también hay otros en situaciones extremas que, para sobrevivir, han cruzado fronteras y se han adentrado en el desierto más árido del planeta, con climas extremos, días de mucho calor y noches gélidas. Se trata de una verdadera tragedia donde adultos mayores, madres, padres, niños y niñas venezolanos/as parecen no ser de ningún lugar. Sus hogares están en un entorno difícil de habitar y, al salir a países de la región, como Chile, no son considerados como personas legítimas de habitar este espacio, a pesar de que, en muchos casos, poseen familiares ya asentados aquí.

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Directora nacional, Servicio Jesuita a Migrantes.
Responsable de Estudios, Servicio Jesuita a Migrantes.