Revista Mensaje N° 699. «Óscar Castro: El eterno vuelo de «el cuervo» Castro (1947-2021)»

La trayectoria de Óscar Castro Ramírez, fundador del Teatro Aleph, es la de un dramaturgo libre, democrático y esencialmente generoso, además de experimentado en resiliencia.

Camila Pistacchio

17 junio, 2021, 12:03 pm
14 mins

Ha sido un golpe duro para el teatro. El 25 de abril, el actor, director y dramaturgo chileno Óscar Emilio Castro Ramírez falleció en París a los 73 años de edad, producto del coronavirus. En tan solo un par de semanas, su familia y amigos dejaron de escuchar la voz y las interminables anécdotas del “Cuervo”, como llamaban a este personaje único y entrañable, cuya forma de hacer teatro fue un canto a la vida que logró transformar a muchos.

Su eterno espíritu adolescente, su humor astuto y su profundo entusiasmo, le permitieron vivir de ese oficio que para él fue su pasión y su refugio; el mismo que tanto le quitó, pero que también lo ayudó a sobrevivir los peores horrores y despedidas que lo acompañaron.

Hijo ilustre de Colín, su pueblo natal en la Región del Maule, siendo un escolar rebelde y atrevido, Castro formó junto a otros jóvenes el Teatro Aleph, en los agitados años de la Reforma Universitaria y los movimientos estudiantiles: un terreno fértil para que estos aficionados lograran autogestionar e inmortalizar un teatro único, contingente, colectivo, sin academia ni formalidades, que trasladaron hasta las poblaciones y tomas de terreno, y que logró ser aclamado por la crítica de la época y admirado por grandes maestros, como Héctor Noguera y Eugenio Dittborn. Entre los montajes de este período se cuentan ¿Se sirve un cocktail molotov?Viva in-mundo de fanta-cíaCuántas ruedas tiene un trineo y Casimiro peñafleta.

“Una de las premisas del Aleph era que nadie podía ser estudiante de teatro, porque eran ellos quienes lo estaban inventando”, cuenta Gabriela Olguín, actual directora del Aleph Chile y amiga de Castro por más de 37 años. Por eso, no fue extraño que “el Cuervo” siguiera Periodismo en la Universidad Católica y que sus intentos por sumergirse en la academia fracasaran sin que él diera a eso mucha importancia. Quizás fue justamente eso lo que “hizo de Óscar una persona libre y sumamente democrática. Él decía que todos tenían derecho a hacer teatro”, agrega Olguín.

Aunque algunos criticaron esta forma por su amateurismo e imperfección, según el crítico e investigador del Centro UC Teatro y Sociedad Cristián Opazo, lo que buscaba el Aleph era usar el escenario como una excusa para deliberar, pensar y compartir: “Para esto, un buen camino era crear un teatro cercano, democrático, sencillo, para todos, que fuera como una prolongación de tu propia casa”, dice.

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