Revista Mensaje N° 699. Pablo Razeto: «El legado de Humberto Maturana es su perspectiva sistémica»

La reciente muerte del Premio Nacional de Ciencias (1994) nos ha recordado cómo a lo largo del mundo sus planteamientos han sido valorados por quienes buscan entender el fenómeno de la vida.

Paz Escárate Cortés

15 junio, 2021, 1:20 pm
16 mins

El 6 de mayo murió de neumonía Humberto Maturana Romesín, a los 92 años de edad, dejando entre nosotros el valor de un enfoque de pensamiento sistémico que va más allá de las ciencias biológicas, la filosofía, la educación, la ecología o la sociología.

Cuando niño, a los 12 años, enfermó de tuberculosis. Permaneció en reposo y hospitalizado durante cinco años, y comenzó a recuperarse en paralelo al inicio de sus estudios de Medicina en la Universidad de Chile. Fue un adolescente solitario, lector de Nietzsche a escondidas, con un gato como amigo de juegos. Cuando el gato no se movió más, preguntó qué estaba viendo y le respondieron que estaba mirando un cadáver. De esa y otras experiencias nació su reflexión sobre la vida que comprende un concepto revolucionario: la autopoiesis molecular. Lo vivo es lo que se produce a sí mismo en un sistema cerrado de organización, dijo, junto a Francisco Varela, en el libro De máquinas y seres vivos (1973).

Más allá de su formación como doctor en Biología —grado obtenido en la Universidad de Harvard—, de su calidad de investigador en el MIT, de sus aportes como profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y luego fundador de la matríztica, Humberto Maturana fue catalogado como un maestro. El “doc”, según lo llamaban quienes trabajaron con él, habló sobre el desapego de la propia formación con el Dalai Lama.

Su pensamiento ha marcado a muchas personas en el planeta, a quienes les ha hecho sentido la interdisciplina y la visión sistémica para explicar qué es lo vivo. Entre ellos, está Pablo Razeto, doctor en Ciencias y magíster en Filosofía, actual director del Instituto de Filosofía y Ciencias de la Complejidad (IFICC). Estudiando en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, se posicionó en el universo de Maturana de manera natural. Lo que lo cautivó fue que “la academia se ha ido especializando cada vez más; entonces, son pocos los que tratan de plantear un sistema” y Maturana tiene un planteamiento coherente que pasa desde concebir a un ser vivo como autopoiético a considerar temas relevantes para la astrobiología, la ética, la educación, la sociología y la antropología, según expresa en una enumeración que suena infinita.

IDEALISTA Y CONSTRUCTIVISTA

—A su juicio, ¿cuál fue la relación de Maturana, como científico, con la fe, es decir, con lo que no se puede medir?

La teoría epistemológica de Maturana pertenece a una familia de teorías entre las cuales está el verificacionalismo, el constructivismo y el idealismo. ¿Qué tanto se puede desprender de eso para el sentido de la vida o la espiritualidad? Me cuesta responderlo. Maturana es más estrictamente idealista y constructivista. Varela menos, porque reconoce una experiencia psíquica co-construida entre el sistema y el entorno (la “enacción”), pero ambos tienen una visión constructivista del conocimiento. Uno es muy espiritual, Varela, y el otro es súper materialista, Maturana. Del ser idealista, por lo tanto, parece que no se desprende un sentido claro respecto de la existencia de lo inmaterial o trascendente, versus pensar que no hay nada más que lo material.

Toda la visión científica del mundo en Maturana es estrictamente materialista, sin excluir los fenómenos del amor o los valores, por ejemplo, que, sin dejar de ser humanos, tampoco dejan de ser materiales. La diferencia con Varela es que, tal vez en contraposición a su maestro, trató de armonizar la idea de autopoiesis con la fenomenología, y su descubrimiento número uno fue la intencionalidad, la experiencia de que la subjetividad se da con dirección, que las experiencias se refieren a algo. Varela trató de entender la intencionalidad de los seres vivos como sistemas autopoiéticos. Pero, para Maturana, el conocimiento, al ser cerrado, no puede ser intencional: no apunta a nada, sino que la dinámica de los sistemas está determinada por su estructura interna dinámica, en adaptación con su entorno (o nicho) dinámico. Organismo y nicho están acoplados (por eso, el sistema mantiene su autopoiesis), pero son autónomos uno del otro, por lo que su devenir en el tiempo es una deriva, que llama “deriva natural”.

Este contenido está disponible sólo para los suscriptores activos de Revista Mensaje. Si eres suscriptor, ingresa aquí, o bien, sigue aquí las indicaciones para suscribirte o renovar tu suscripción a nuestra revista.

Mamá, periodista y feligresa de la Parroquia La Anunciación, Santiago.