Revista Mensaje N° 701. «Primarias: Lo novedoso y lo impredecible»

El proceso electoral de estos meses se da en el contexto del reordenamiento político más significativo de las últimas décadas. Una nueva generación de dirigentes, tensiones distintas, la política “de las causas” y un creciente protagonismo ciudadano marcan los nuevos rumbos.

Jorge Navarrete Poblete

11 agosto, 2021, 3:17 pm
17 mins

Los resultados de las elecciones primarias para definir al candidato presidencial de la izquierda y la derecha se dan en un contexto que mejor explica y valora su resultado. El “estallido social” de octubre de 2019 alteró de manera irreversible el rumbo y la discusión política del país, dando lugar a un itinerario electoral que se tradujo en la amplia aprobación ciudadana para elaborar una nueva Constitución (octubre de 2020) y la consecutiva elección de los miembros de la Convención Constitucional en las elecciones de mayo pasado.

Hasta ahora, este proceso y sus resultados reflejaron el reordenamiento político más significativo de las últimas tres décadas. En efecto, desde recuperada la democracia que no se verificaba una redistribución del poder político tan significativa, con un evidente predominio de una nueva generación y un mayor protagonismo ciudadano, en un escenario plagado de contrastes y contradicciones.

Junto a la evidente institucionalización de una izquierda que en las últimas décadas había estado circunscrita a los movimientos sociales —tanto en los colegios como en las universidades y en la calle—, se instalaron también otros clivajes o tensiones políticas que se reflejan en los resultados electorales de este último año. El primero, consistente en una fuerte crítica a las élites dirigentes (políticas, empresariales o sociales), expresada como una profunda rabia acumulada hacia el poder y, muy especialmente, a cómo este se genera, usa y distribuye. Lo segundo, y estrechamente vinculado con lo anterior, es la tensión entre tradición y cambio —o lo viejo versus lo nuevo—, que ha devenido en un notorio e impresionante fenómeno de reemplazo en los principales cuadros de la dirigencia política y social, lo que adicionalmente se ha escenificado en la notoria baja en el promedio de edad de estas nuevas élites políticas. Y lo tercero, y quizás lo más interesante y novedoso, es una suerte de abandono de la política entendida como relatos universales y comprensivos, dando paso a “la política de las causas”, con un fuerte acento en las identidades, y en lo territorial o local. Esto ha acelerado el proceso de fragmentación y atomización del sistema de partidos, dando lugar a una dinámica mucho más horizontal y transversal, donde la política se hace cada vez menos predictible.

Y esta incertidumbre propia de todo cambio de ciclo, donde estamos menos en presencia de una época de cambios y más en un cambio de época, ha sido también acompañada con altos niveles de polarización política, lo que, sumado a la naturalización de la violencia —cuando no su legitimación, en algunos casos— alienta las dudas y temores sobre el desenlace de esta crisis.

IMPRESIONES PRELIMINARES

Y aunque algunas de las tendencias anteriormente descritas estuvieron presentes en la última elección primaria, es importante destacar que su resultado fue una señal de moderación, quizás la primera desde el estallido social, hecho a partir del cual hemos sentido que somos parte de un tránsito a ratos difícil de administrar y aquilatar. Sin embargo, esta vez los electores optaron en ambas primarias por los candidatos que no representaban los extremos, dando una señal de lo que pudiera venirse en el futuro.

Hay varias explicaciones para entender este punto de inflexión o pausa en el vértigo, el que todavía no sabemos si será definitivo o solo temporal. El primero apunta a la alta participación electoral, congregando a más de tres millones de votantes en ambas primarias, la más alta registrada en estos procesos electorales, lo cual favoreció la incidencia del voto blando en desmedro de la influencia de los ciudadanos más militantes o ideologizados. En segundo lugar, el protagonismo de un candidato del Partido Comunista fue relevante para despertar y movilizar viejos temores, tanto en la derecha como en la izquierda, con especial importancia de los sectores “socialdemócratas” que no estaban convocados a una elección primaria y que igualmente participaron en alguno de estos dos procesos. Por último, fue decisiva la campaña electoral de los dos candidatos ganadores —Sebastián Sichel por la derecha y Gabriel Boric en la izquierda— quienes apelaron a un discurso más ambiguo, menos duro, más fresco y alegre, el que, anclado en la idea de este cambio de ciclo, ponía más acento en el futuro que en el pasado.

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