Revista Mensaje N° 704. «Nueva Constitución: Asumir la religión como realidad de la cultura»

Si vivimos un profundo cambio cultural, ¿por qué la religión podría sustraerse a él? ¿Por qué no podríamos volver a preguntarnos por el sentido de la religión, por su importancia social y política, por el lugar de ella en el ordenamiento jurídico mayor de nuestra patria?

Joaquín Silva

23 noviembre, 2021, 3:36 pm
16 mins

La religión se muestra como un hecho en el campo de la cultura y de la existencia humana, que en mayor o menor medida conforma nuestra vida, pero respecto de la cual —quizás— no podemos decir mucho. Estamos en ella, pero sin saber siquiera que estamos y, si lo sabemos, no nos preguntamos mucho en qué estamos o, por lo menos, no nos interesa llegar a una respuesta clara y distinta, definitoria, inequívoca. Es, quizás, semejante a lo que nos sucede con otras tantas experiencias importantes: la amistad, el amor, el ser, la muerte. Estamos en ellas o caminamos hacia ellas como si fueran experiencias obvias, comunes, consistentes en sí mismas. Sin embargo, hay situaciones de la vida personal o social que ponen en cuestión estas obviedades sobre las que está construida nuestra vida, y que preguntan por los sentidos en los que nos movemos y existimos, que hacen incómodos los espacios hasta ahora habitados.

El actual contexto social y político y, en particular, la necesidad de formular una nueva Constitución es quizás de esos momentos históricos en los que nos volvemos a preguntar por nuestra identidad como nación, por los valores según los cuales queremos constituir la vida política, por los derechos que queremos ver respetados y promovidos, por las formas según las cuales queremos organizar el Estado y, también, por la pertinencia de seguir considerando la religión parte de esta nueva Carta Magna. Si vivimos un profundo cambio cultural, ¿por qué la religión podría sustraerse a él? ¿Por qué no podríamos volver a preguntarnos por el sentido de la religión, por su importancia social y política, por el lugar de ella en el ordenamiento jurídico mayor de nuestra patria?

A continuación, formulo cinco consideraciones que, sin ninguna pretensión de convertirse en normas constitucionales quizás puedan ayudar a pensar el lugar de la religión en la nueva Constitución.

Dimensiones objetivas y subjetivas en la religión.

Es importante reconocer la complejidad del fenómeno religioso, sin reducirlo a una cuestión puramente objetiva (la doctrina, el culto y las normas morales) ni tampoco a una cuestión meramente subjetiva (la relación personal, que se da especialmente a través de la fe, la oración y otros actos de piedad, más o menos institucionalizados). La afirmación de esta diferencia —entre dimensión objetiva y subjetiva— pienso que ayuda para reconocer tanto las religiones institucionalizadas como las búsquedas y prácticas espirituales de las personas que no siempre tienen una canalización formal en una religión determinada. Esto puede tener importantes consecuencias: por ejemplo, que no solo los niños y jóvenes que adhieren a una religión son titulares del derecho a la educación religiosa, sino también quienes no adhieren a una religión, puesto que estos también tienen derecho a cultivar aquel sentido y gusto por lo infinito (F. Schleiermacher), que es sustantivo a la religión. Una nueva Constitución no solo debe reconocer las religiones institucionalizadas y reconocidas jurídicamente por el Estado de Chile, sino también este ámbito humano más fundamental y existencial del que dan cuenta los conceptos de religiosidad y espiritualidad. El derecho a la libertad religiosa, antes de ser un derecho de las religiones es un derecho humano, un derecho de cada persona, una condición humana.

En este sentido, “la religión” no es solo cuestión de las religiones, sino una realidad de la cultura que nos debe interesar a todos, practiquemos o no una determinada religión, vivamos o no en una determinada cosmovisión, religiosidad o espiritualidad. Es posible negar la existencia de un Dios, de una trascendencia, de un sentido último. Lo que no es posible es negar la existencia fáctica de la religión, tanto en sus dimensiones subjetivas como objetivas. La “religión invisible” (Th. Luckmann) no existe, y conviene saberlo, como lo sugieren hechos como los atentados del 11 de septiembre de 2001, donde las partes no solo visibilizaron la religión, sino que en nombre de ella justificaron sus acciones de terror y venganza.

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Facultad de Teología, Pontifica Universidad Católica de Chile.