Revista Mensaje N° 705. «Teresa, la promesa incumplida»

La joven poeta parecía estar ante un camino único en las vanguardias latinoamericanas, en la literatura y también en las tareas de emancipación de la mujer, pero este fue interrumpido por su prematura muerte.

Olga Ries

11 enero, 2022, 12:37 pm
14 mins

Hace cien años, en diciembre de 1921, tuvo lugar un París un episodio que en Chile fue registrado, con toda seguridad, por muy pocos: una mujer joven falleció tras una sobredosis de Veronal, un somnífero y antidepresivo muy popular en la época. Tal desenlace no es extraordinario, pues con este medicamento es muy fácil administrar una sobredosis, de manera intencional o no: personajes de Agatha Christie fallecen en varias ocasiones a causa del Veronal, pero también las muertes de Jimi Hendrix y Marilyn Monroe fueron provocadas por este fármaco (y es por esta razón que los barbitúricos no se encuentran en venta libre a nivel mundial desde hace décadas). Este episodio particular, no obstante, tuvo consecuencias importantes para la cultura de nuestro país, pues la que moría era Teresa Wilms Montt, una de las figuras, sin exagerar, más enigmáticas y prometedoras en el escenario de la literatura chilena del siglo XX, no precisamente pobre en poetas.

Su brevísima pero intensa biografía literaria —publicó cinco libros en tres años, entre 1917 y 1919, pasando como un meteoro por el mundo literario argentino y español (y no así por el chileno, donde su primera publicación fue la antología Lo que no se ha dicho, que apareció de manera póstuma, en 1922)— es inseparable de su ajetreada y trágica biografía. Nacida en el seno de una familia aristocrática chilena —era descendiente del presidente Manuel Montt por parte materna y se casó, en contra de la voluntad de sus padres, con un pariente de otro presidente, José Manuel Balmaceda—, tuvo una juventud marcada por la rebelión contra su restrictivo entorno familiar, contra un matrimonio que resultó infeliz y contra el orden social: en los años que en que vivió, por el trabajo de su marido, en diversas ciudades de Chile, como Valdivia e Iquique, empezó a interesarse por el feminismo y el anarquismo y se acercó a las visiones políticas de Luis Emilio Recabarren. En Iquique también dio a conocer sus escritos por primera vez, bajo un seudónimo. Posiblemente ya llamaba la atención en Santiago: Oreste Plath la incluye entre los personajes notables del Santiago que se fue y la definió como “anticipada a su época” y “extraordinaria”.

Esta fase termina en 1915, cuando, al descubrirse una infidelidad conyugal suya, un “tribunal familiar” de los Balmaceda la recluye en un convento, donde comete un primer intento de suicidio. Con la ayuda de un viejo amigo, Vicente Huidobro, logra escapar y huir hacia Buenos Aires, donde aflora otra Teresa: la bohemia, creativa y talentosa, amiga de Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges y, más tarde en Madrid, de Ramón Gómez de la Serna y Ramón del Valle-Inclán.

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Doctora en Literatura, U. de Bielefeld.