Revista Mensaje Nº 696. «El agente topo: La mirada del otro»

En su quinta película, en formato documental, la postulante a los premios Oscar como Mejor Película Internacional 2021, Maite Alberdi continúa explorando expectativas, anhelos y frustraciones de sus personajes.

Felipe Blanco

18 febrero, 2021, 9:30 am
10 mins

El factor estilístico más persistente que unifica la filmografía de Maite Alberdi, desde Las peluqueras (2007), uno de sus primeros cortos documentales —codirigido con Israel Pimentel—, es su sentido de observación y la manera en que calibra las relaciones de distancia y lejanía respecto de los temas y personajes que decide poner frente a su cámara.

Ya en ese trabajo seminal —que abordaba la rutina de un par de peluqueras que intentan mantener vigente su negocio en el corazón del Barrio Brasil—, Alberdi pareció decantarse por un interés hacia cierta tradición en extinción y hacia tipos humanos que parecían vivir fuera de las fronteras de la modernidad, a partir del registro identitario donde la descripción del oficio fortalece la definición de sus personajes. A esas señas concretas, Las peluqueras añadía una preocupación adicional por situar a sus protagonistas y a sus historias en un contexto social preciso y en un entorno arquitectónico reconocible, decisión que inevitablemente añadía una lectura histórica a su reflexión sobre el pasado y la modernidad.

Con El salvavidas (2011), su primer largo, Alberdi se desplaza hacia El Tabo para filmar, en parte, la ambivalente relación que Mauricio, uno de los salvavidas de la zona, tiene con su trabajo. La construcción de identidad en función de esa ambivalencia —su personaje le tiene miedo al mar y, como prolongación, también a la muerte—, aquí es el centro dramático y la cámara complementa la tensión interna de su protagonista con el seguimiento a los veraneantes, sus diálogos anodinos y el poder caracterológico que esos pequeños microrrelatos le conceden al filme.

Con El salvavidas Maite Alberdi ratifica y expande dos aspectos esenciales a su cine: la elaboración de la mirada a partir del catastro de costumbres y el peso que la narración oral tiene en sus películas. Ambos son claves para establecer un universo que, en gran parte de sus cuatro largometrajes, se ha unificado a partir de la observación de grupos muy acotados: mujeres de tercera edad de clase alta en La once (2014), un grupo de adultos con síndrome de Down en Los niños (2014).

UNO DE LOS NUESTROS

El agente topo (2020) comparte ideas y estilos con su obra anterior, en tanto hay en él una mirada generacional que nuevamente apunta a la vejez y a la descripción de un universo que se nutre de pequeñas historias, en las que un puñado de personajes conforman, a partir de su registro verbal, gran parte del tejido de la película.

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Crítico de cine. Académico Pontificia Universidad Católica de Chile.