¡Sal del sepulcro del pecado, que es el coronavirus del alma!

Dios sacará un bien de este mal que ha permitido, tal vez para despertarnos y así mirar más para arriba con la oración y la unión familiar. V Domingo de Cuaresma.

Padre Antonio Rivero

24 marzo, 2020, 10:12 am
7 mins

Ciclo A

Textos: Ezequiel 37, 12-14; Romanos 8, 8-11; Juan 11, 1-45.

Idea principal: ¡Sal del sepulcro del pecado!

Resumen del mensaje: Cristo, además de ser Agua viva (tercer domingo) y Luz (cuarto domingo), también es Vida y Resurrección (quinto domingo). El Cristo Pascual ha venido para sacarnos y resucitarnos de nuestro sepulcro del pecado (primera lectura y Evangelio), y darnos una vida nueva de resucitados, para no vivir ya según la carne sino según el Espíritu (segunda lectura). Cristo no quiere que nuestra vida yazca en el sepulcro de nuestro pecado y se pudra. Quiere que muramos a nuestro hombre viejo para después resucitarnos y hacernos hombres nuevos, según el Espíritu.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, la resurrección de Lázaro del sepulcro signa el punto culminante de la actividad de Jesús. Es el más grande de sus milagros. Mediante este extraordinario milagro, el Señor trata de vencer la incredulidad de los judíos. En la batalla entre la fe y la incredulidad, Jesús ofrece el don de un testimonio mayor. Pero el corazón de los judíos se cierra, y ello los lleva a tomar la decisión oficial de matar al Cordero inocente, y también a Lázaro, que era testimonio vivo del poder divino de Cristo. El camino de la cruz está ya trazado, pero en el plan de Dios la cruz será el umbral de la exaltación y glorificación del Padre en su Hijo. El complot de los hombres, en el plan de la Providencia, sirve a los designios de Dios. Este Evangelio de hoy de la resurrección de Lázaro, ¿da luz a nuestra situación del coronavirus? ¿Cuándo nos vendrá la resurrección y podremos caminar y salir y abrazar a los seres queridos? Encontremos el porqué Dios ha permitido esta oportunidad para elevar nuestro pensamiento al cielo. ¿No sacaremos un bien de este mal? ¡Dios ya lo está sacando, pues el mundo, la Iglesia, las familias, los gobiernos, los médicos, los ángeles que cuidan a los ancianos en las residencias… están despertando y se están desviviendo unos por otros!

En segundo lugar, si Lázaro es amigo íntimo de Jesús y el Señor de la vida, ¿por qué este permite que muera y lo pongan en el sepulcro? Jesús permite un mal para que se manifieste la gloria de Dios. Y esto también para hoy con el coronavirus: Dios sacará un bien de este mal que ha permitido, tal vez para despertarnos y así mirar más para arriba con la oración y la unión familiar. Jesús no utiliza su poder divino para evitar la muerte ignominiosa de la cruz. Por eso, irá al encuentro de su propia muerte por decisión personal. Irá en busca de su “Hora”, esa hora que tanto lo angustiaba pero que al mismo tiempo anhelaba con ardor, porque sería la hora de la glorificación de su Padre y de nuestra salvación mediante el Misterio de su muerte y resurrección. Tal es la razón por la que no impidió la muerte de su amigo Lázaro, para que resplandeciese la gloria de su Padre, así como no evitaría su propia muerte, para que el Padre fuese plenamente glorificado en el Hijo. Solo así nos sacaría del sepulcro y nos daría una vida nueva. La muerte y resurrección de Lázaro constituyen un preludio de su propia muerte y resurrección. Viendo esta resurrección, los apóstoles consolidarán su fe y se prepararán para la gran prueba de la Pasión. Vengamos de nuevo a lo que estamos viviendo: ¿Tenemos miedo a la muerte? ¿Por qué? ¿Todo se acaba con la muerte? Pensemos esto hoy y mientras dura esta prueba del coronavirus. Cristo es el Señor de la vida y de la muerte. Y Él sabe cuándo nos vendrá a llamar. Mientras tanto, oremos, vigilemos y tengamos el corazón limpio y en paz con Él y con nuestros hermanos.

Finalmente, Jesús también quiere hoy gritar a cada uno de nosotros, como entonces a Lázaro: “Lázaro, sal fuera”. Sal del pecado. Sal de la incredulidad. Sal de la pereza. Sal del desaliento. Sal del egoísmo. Cristo no quiere que nos pudramos en el sepulcro del pecado, pues “la gloria de Dios es el hombre que vive”, decía san Ireneo. Salgamos y veremos la luz, la vida y la resurrección de Cristo. En el sepulcro solo hay gusanos, oscuridad, descomposición y muerte. Y Cristo es el Señor de la vida, y quiere hacernos partícipes de su vida divina e inmortal. Y en estos momentos del coronavirus, ayuda a tus hermanos y dales una palabra de esperanza y paz.

Para reflexionar: ¿Estoy en el sepulcro del pecado, coronavirus del alma, o ya estoy experimentando durante la Cuaresma la vida nueva en Cristo Jesús en los sacramentos, la mejor vacuna contra este terrible mal del coronavirus del alma que es el pecado? Cada vez que peco, ¿escucho la voz de Cristo: “Sal fuera del coronavirus del alma”? ¿Creo que Cristo es Vida y Resurrección para todos los que le siguen y quieren curarse de este mal?

Para rezar: Señor, quiero en esta Cuaresma escuchar fuerte tu voz a salir del sepulcro del coronavirus de mi pecado, para poder encontrarme contigo que eres la Vida auténtica y recomenzar una nueva vida de resucitado. Amén.

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Fuente: https://es.zenit.org

Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos.