Serbia: Trabajando por la integración de los niños no acompañados

La Casa de Integración en Serbia, aparte de proporcionar a los niños la oportunidad de una buena educación, también les permite tener tiempo libre para divertirse y explorar su entorno y sus pasiones.

Laszlo Koval

17 octubre, 2019, 3:45 pm
7 mins

La Casa de Integración «Pedro Arrupe» es un refugio diseñado para albergar a niños no acompañados que han quedado separados de sus familias y que se encuentran en situación de vulnerabilidad. El objetivo de la Casa es su integración en una nueva comunidad. No solo proporciona alimentos, vivienda, ropa y cubre las necesidades médicas básicas, sino que también brinda a sus beneficiarios oportunidades de educación y ocio. Este equipamiento cuenta con una sala de estar, cocina, un porche, una sala de informática, un aula y un patio que los niños pueden usar libremente. Con ocho empleados y dos becarios, por la Casa ya han pasado 70 niños desde su creación en 2017.

La Casa de Integración aloja a los niños más vulnerables: víctimas de violencia física, psicológica y sexual, niños en riesgo de ser víctimas de la trata, de diferentes formas de explotación y de tráfico de personas. Cuando llegan a este hogar, reciben ropa nueva, zapatos y artículos de higiene y se les informa sobre las reglas de la Casa.

NO SOLO EDUCACIÓN, SINO TAMBIÉN OPORTUNIDADES DE OCIO

La Casa se asegura de que los niños tengan la oportunidad de continuar una educación activa en Serbia. Los beneficiarios que permanecen más de un mes son matriculados en el sistema escolar local, a la par que se les organizan actividades educativas y creativas informales para fortalecer su educación. Los pedagogos de la Casa están a su disposición para ayudarles con las tareas escolares y se mantienen en estrecho contacto con el colegio. Y tratan también la integración cultural. “Estamos trabajando para romper la frontera entre dos culturas. Tenemos estereotipos aquí entre serbios y problemas de comportamiento entre los niños con los que estamos trabajando”, dice Nemanja Rajic, un pedagogo de la Casa. Para ayudar a romper estas barreras culturales, también se organizan actividades realizadas junto a estudiantes locales. Durante las vacaciones de verano, se imparten clases de inglés y serbio y talleres que van desde habilidades para la vida hasta los efectos de las drogas y el alcoholismo para reforzar su educación.

La Casa de Integración, aparte de proporcionar a los niños la oportunidad de una buena educación, también les permite tener tiempo libre para divertirse y explorar su entorno y sus pasiones. “Creo que estamos haciendo un buen trabajo ayudando a los niños no acompañados a ser niños nuevamente. A que no tengan que empezar a trabajar y puedan ir a la escuela y jugar a fútbol», dice Violeta Markovic, subdirectora nacional del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) Serbia. Los niños en la Casa suelen jugar a fútbol o tenis en el jardín o van a un patio escolar cercano a jugar. Durante las vacaciones de verano, son frecuentes las excursiones de un día, como visitas a la playa, orientación, caminatas y picnics fuera de Belgrado y recorridos en kayak.

UN AMBIENTE ACOGEDOR Y FAMILIAR

La Casa trata de crear un ambiente familiar y acogedor del que los niños no acompañados no solían disfrutar, y el personal es esencial para la integración y el bienestar de los niños.

“Creo que aquí en la Casa disfrutamos de una vida normal. Estamos tratando de crear para ellos algo parecido a una familia, algo así como un hogar. Si tienen un problema y necesitan hablar, estamos aquí para escucharlos”, dice Maya Markovic, que da asistencia legal a la Casa. Los muchachos piensan lo mismo. «La gente aquí en el JRS es amable… He cruzado cuatro países, pero siento que esta es mi casa», dice S. A. (de 17 años), un usuario que lleva aquí mucho tiempo.

La Casa se encuentra en un barrio tranquilo a las afueras de Belgrado. «Me gusta estar aquí porque no hay mucha gente», dice Z. E. (de 16 años), un nuevo usuario, que ha llegado apenas hace unas pocas horas, procedente de lugares más desorganizados en los que tienen que quedarse muchos refugiados en Belgrado. “Me acordé de los héroes de películas que abrían su ventana por la mañana frente a un hermoso amanecer. Deseaba poder tener eso. ¡Es increíble… ahora lo tengo!”. Aquí los niños disfrutan de un jardín, del patio de la escuela del barrio, con vistas tranquilas al Danubio y con un bosque a solo cinco minutos andando.

PLANES FUTUROS PARA LA CASA

El JRS planea mejorar sus servicios para los niños no acompañados y darles más oportunidades para que consigan integrarse en la sociedad. «Mientras enseñamos a los niños, ese es nuestro trabajo, aprendemos de ellos todos los días», dice Nemanja Rajic, uno de los pedagogos de la Casa.

Al trabajar todos los días para ir adecuando este lugar a la niñez de nuestros beneficiarios, tratamos de ayudarlos a ser lo que tienen que ser: niños y niñas. Tenemos la esperanza de que en los próximos años podremos seguir haciendo lo mismo: ayudar a que más niños en nuestro país disfruten de una infancia más feliz. De lo que aprendan hoy dependerá el tipo de persona en el que se convertirán en el futuro. Nuestra misión aquí es un futuro más brillante para todos.

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Fuente: https://jrs.net

Voluntario en el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) Serbia.