Revista Mensaje N° 700: «Si camino no hablar…»

Estudios cualitativos en serie aportaron señales de la demanda de cambio político que se venía. En esos relatos, donde el diagnóstico de emociones es central, se señala cómo evolucionan las expectativas en el proceso constituyente. Crece la confianza, abriéndose paso una esperanza que emergió con las propuestas de cambio constitucional del año 2017.

Sergio España R.

20 julio, 2021, 11:49 am
20 mins

La frase con que se titula este artículo era de un spot televisivo y se hizo icónica en los años ochenta. Un jefe indio ponía su oreja en el asfalto antes de cruzar un camino. Su oído no le permitía anticipar que venía un auto a gran velocidad con sus neumáticos silenciosos, que casi provoca un accidente a su familia, que lo acompañaba.

En los últimos dos años se reitera el que no lo vimos venir: pero tampoco quisimos escuchar ni, al menos, aguzar el oído. No escuchamos el murmullo que antecedió el estallido social. Tampoco el 80% del Apruebo en el plebiscito. Menos, el predominio de los independientes y de representantes de organizaciones sociales por sobre los candidatos de partidos políticos tradicionales en la composición de la Convención Constitucional.

El seguimiento y análisis de relatos que dan cuenta de la relación de las personas con la política es una metodología que en los últimos años ha ido ofreciendo pistas sobre lo que se ha venido incubando. Los aportes que han hecho Kathya Araujo, Juan Pablo Luna o Manuel Canales, entre otros, son revalorados a la hora de poner el oído en el asfalto y buscar alguna señal que vaya más allá de la foto semanal que nos aportan algunas encuestas sobre la opinión pública.

Desde 2016 realizamos estudios en busca de claves que vinculen relatos personales con la política. Algunos de ellos fueron en conjunto con el Laboratorio Constitucional de la Universidad Diego Portales (1) sobre abstención (2017), participación juvenil (2019) y cambio constitucional (en curso). Otros tienen que ver con reformas políticas en el marco de un proyecto del Ministerio Secretaría General de Gobierno (2015 a 2017). Se trata de paneles cualitativos: recogemos periódicamente lo que expresan sobre la actualidad noticiosa unos grupos de personas, que, para efectos del estudio, permanecen estables en el tiempo. Intentamos reproducir líneas argumentales con sus cambios, contradicciones y continuidades. Esta metodología permite mejores niveles de confianza entre los participantes y, por lo tanto, una mejor calidad de la información obtenida: la conversación fluye, cada uno expresa con más libertad lo que piensa, hay relación entre los participantes.

A lo largo de estos cinco años, en más de cincuenta de focus group realizados sistemáticamente en Santiago y ciudades de regiones, hemos observado al menos tres claves que parecen articular los relatos sobre la apreciación existente hacia los políticos y la política. Esas claves pueden aportar señas de lo que se hace necesario, en vistas a una mejor legitimación, en el ciclo político que se inaugura el 4 de julio con el trabajo de la Convención.

COLUSIÓN DE LOS PODEROSOS: TODOS CONTRA MÍ

Los niveles de confianza institucional e interpersonal en Chile son bajos respecto a países desarrollados, aunque parecen ser similares a otros de la región. Así, por ejemplo, un 59% de los chilenos confía en la gente que conoce personalmente, en comparación con el 90% en EE.UU. y Francia. Al mismo tiempo, un 22% señala confiar en el Parlamento (similar a Argentina con 20%), mientras en Alemania esa expresión alcanza a 42% (Estudio Mundial de Valores 2020).

La desconfianza se expresa en que se alude a una colusión de los poderosos (políticos, empresarios y medios de comunicación, principalmente), que actúan en beneficio propio y al margen de la ciudadanía (ellos vs nosotros). Se piensa que el poder de la política, la economía y la comunicación están unidos en el abuso, el beneficio y el silencio. También lo están en la letra chica, siempre oculta en un proyecto de ley o una medida administrativa; en la oferta de una empresa del retail o una empresa de servicios; en los acuerdos de precios; en la noticia que solo recoge una parte de la realidad (y que, de paso, nos lleva a confiar más en las redes sociales). Ese cruce de acuerdos tiene beneficiarios comunes. “Se supone que algunas (de las concesiones de carreteras) son de algunos expresidentes. De dos, de Lagos y de Frei. Igual que se supone que el agua era de los españoles y es mentira, están metidos los mismos” (Focus Hombres, Concepción 2020).

El espacio natural de esta colusión es la cocina. Y no es una cocina americana, sino una cerrada a la cual acceden unos pocos y donde la negociación propia de la actividad política no es asumida desde el bien común, sino desde el beneficio personal. El temor a la cocina acecha incluso a la naciente Convención Constitucional. Se supone que esto de la Nueva Constitución era para que la escribiera el pueblo; igual se metió la clase política entre medio (…) y nosotros igual estamos aburridos de tanta mentira que ha habido durante tantos años” (Focus Hombres, Santiago 2021).

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Director, Subjetiva.