Somos mármol

Nosotros somos como el mármol, y nuestra vida es un taller constante del que saldremos convertidos en obras perfectas, pero solo si confiamos en el escultor.

Imagina que eres un bloque de mármol puro situado en un taller de escultura. Es esencial comprender que la obra que tomará forma ya existe en la mente del escultor, pero para que pueda compartirla con el mundo, primero debe liberarla de su interior. El mármol es una materia resistente que, en muchas ocasiones, no adquiere las formas deseadas de inmediato. Sin embargo, cuando utilizamos las herramientas adecuadas y tenemos paciencia, podemos esculpir una obra perfecta.

La modificación de una piedra lleva tiempo y, a menudo, requiere técnicas delicadas para darle forma. Puedes pensar en el agua como ejemplo: es suave, simple y pura, pero cuando decide esculpir una piedra, lo logra. Aunque esto lleva tiempo, su persistencia hace que la piedra se moldee según su voluntad. De manera similar, nosotros somos como el mármol, y nuestra vida es un taller constante del que saldremos convertidos en obras perfectas, pero solo si confiamos en el escultor.

No es una tarea sencilla, ya que en ocasiones el escultor tendrá que retirar partes que nos duelen, lo que puede hacer que perdamos la confianza en sus manos y nos alejemos del taller. Puede que en ciertos momentos sintamos miedo, porque cuando no podemos prever el resultado, la desconfianza puede nublar nuestra visión y es normal tropezar en el proceso. Sin embargo, recuerda que somos materia pura y única, y no hay nada que se asemeje a nosotros.

Como cristianos, debemos confiar plenamente en que Dios, nuestro escultor supremo, ya imaginó lo que desea de nosotros antes de que ingresáramos a su taller. Como se menciona en Jeremías 1, 5: “Antes de formarte en el vientre, te conocí; antes de que nacieras, te santifiqué, te destiné a ser profeta de las naciones”. Sus manos nos guiarán por el mejor camino y no nos abandonarán, porque el artista nunca olvida su obra. Permitirnos ser moldeados por Dios es más que simplemente creer en Él; es poner nuestra fe en acción.

Como cristianos, debemos confiar plenamente en que Dios, nuestro escultor supremo.

Por lo tanto, recuerda que somos como el mármol puro, productos del amor incondicional del Artista divino, quien está dispuesto a darlo todo para vernos brillar.


Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.

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