Este tiempo plantea múltiples preguntas. Ignorarlas profundizaría la distancia entre las instituciones y la vida real de las personas. Se requiere una mirada capaz de sostener la complejidad sin renunciar a la responsabilidad ética ni a la posibilidad de la esperanza.
Un gran desafío para el nuevo gobierno es transformar la diversidad de las derechas en una fuerza política efectiva, abordando los desafíos que implican su pluralidad y la falta de articulación que ha demostrado ese sector. Y le debe importar no reducir su proyecto político a la mera gestión. No debe descuidar que la acción política se legitima cuando asume su dimensión orientadora: las personas buscan reconocimiento, pertenencia, seguridad y sentido.
¿Qué sentido tiene pedirle al sistema político una solidez y consistencia que la propia sociedad no es capaz de producir para sí?