Tiempo de luz

Un tiempo de reencuentros, de reuniones, de compartir con muchas personas. Es un tiempo de unión, de amar a los demás y de dejarse querer.

Ya se acerca ese momento que con tanta ansia esperamos; la Navidad está la vuelta de la esquina. Pase lo que pase durante el año, hagamos lo que hagamos durante el año, la Navidad siempre llega. Damos gracias porque son unas fechas que de una manera u otra hacen que nos encontremos, que nos juntemos, que celebremos… Y es que, si un nacimiento se celebra siempre en cualquier familia, cuánto más si hablamos del nacimiento más importante de todos los tiempos: el de Jesús.

Pero antes de toda esta celebración llega un tiempo de preparación, de hacer balance, de mirar hacia atrás y ver cómo llegamos, ver cómo nos ha tratado la vida y cómo le hemos tratado nosotros a ella, con cuántas personas hemos cruzado alguna palabra, con cuántas hemos compartido gestos…

Es un tiempo al que llamamos Adviento. Un tiempo de espera porque algo bueno llega. Pero, sobre todo, es un tiempo de esperanza; de creer en todo lo bueno que nos da la vida y de darnos cuenta de que todo eso lo vamos a celebrar y a poner a disposición de la Navidad.

Se colocan ya las luces en las calles, se desempolvan los adornos para que en todos los lugares haya un ambiente festivo, de alegría, de unión y de confianza. Y lugar principal son las casas, que se empiezan engalanar, reservándose en ellas un lugar principal para esa representación de la Navidad que es el belén.

Se colocan ya las luces en las calles, se desempolvan los adornos para que en todos los lugares haya un ambiente festivo, de alegría, de unión y de confianza.

Es un tiempo de reencuentros, de reuniones, de compartir con muchas personas. Es un tiempo de unión, de amar a los demás y de dejarse querer, de no ver la paja en el ojo ajeno sin antes mirar la rama de árbol que tenemos en el nuestro y así, con una mirada limpia y pura (como la de un niño), vivir estas semanas previas a la Navidad.

En este Adviento solo te pido una cosa: que seas luz. Y, parafraseando a Álvaro Fraile, que esa luz sea para brillar y alumbrar a los demás, porque no se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Feliz Adviento, felices reencuentros, y feliz tiempo de Esperanza.


Fuente: https://pastoralsj.org / Imagen: Pexels.

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