Denise Vaillant: «Debemos dejar de pensar en el docente en solitario, y pensar en equipos colaborativos»

La educación es un problema de todos, tiene que traducirse en políticas de largo aliento y requiere de fuertes articulaciones entre sus distintos componentes, señala esta reconocida académica uruguaya, asesora de organismos internacionales y autora de más de ciento cincuenta artículos y libros referidos a la temática de profesión docente, reforma e innovación educativas.

María Ester Roblero

28 diciembre, 2021, 5:24 pm
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En una ocasión usted dijo: “Si quieres saber cómo será un país en treinta años, mira su calidad de educación”. A partir de esa afirmación y a pesar de todas las diferencias que pueden existir entre los países latinoamericanos, ¿cómo es la calidad de nuestra educación?

Yo creo que en los últimos treinta años ha habido esfuerzos bastante sostenidos en Latinoamérica por mejorar el acceso a la educación preescolar, básica y media. Y también han existido esfuerzos para mejorar la calidad. Sin embargo, a mi entender, el tema de la calidad de la oferta educativa sigue siendo una prioridad. Es decir, hay mucha evidencia de que hay países que mejoraron el acceso —porque existen más niños matriculados en todos los niveles—, pero eso no significa que a lo largo del proceso adquieran los mismos aprendizajes significativos o aprendizajes correspondientes a su nivel. Esto se constata muy fuertemente en los contextos vulnerables, y la pandemia, lo que hizo, fue agudizar, visibilizar más aún, esas desigualdades que ya venían de antes.

Usted también ha insistido en congresos y seminarios en la necesidad de que “todos los debates sobre educación sean informados”. ¿A qué se refiere?

Me parece que hay un desencuentro histórico en América Latina, y también en el resto del mundo, entre quienes toman las decisiones en educación —los hacedores de políticas— y la evidencia —lo que aporta la investigación—. Hoy en América Latina contamos con mucha evidencia y acumulación empírica. Tanto las universidades como los centros de investigación y los propios maestros, han acumulado estudios en estos últimos años que aportan evidencia y, por ello, sabemos lo que no se debe hacer y lo que sí se debe hacer. Por lo tanto, debería haber un diálogo entre los tomadores de decisiones y los que han estudiado en distintos niveles lo que está sucediendo en esa gran caja negra que es el proceso educativo. Pero, lamentablemente, no hay continuidad en las políticas, ni hay continuidad en la toma de decisiones. El promedio que permanece un ministro en el cargo en América Latina es de un año, según un estudio realizado por Unesco. Es decir, también a nivel de la toma de decisiones hay precariedad. Entonces a veces ese diálogo es complicado. Hay ministerios de educación que se han profesionalizado mucho, y que tienen equipos técnicos potentes, pero deberíamos todavía hacer un esfuerzo mayor cuando se toman decisiones respecto de la continuidad o discontinuidad de ciertos programas. Eso a nivel macro, pero también en los centros educativos el equipo directivo debería tomar sus decisiones en base a la evidencia, en base a lo que le indican los estudios. Si ese equipo directivo en un centro quiere impulsar las prácticas colaborativas entre sus docentes, tiene que saber que eso no se da por generación espontánea. Que hay que poner en marcha una serie de estrategias para que los docentes puedan encontrarse, puedan colaborar, puedan planificar en conjunto. Porque hay evidencia, porque hay muchos estudios, hay muchas experiencias en el mundo y a nivel regional de América Latina que pueden ser inspiradoras.

¿Qué debería preocuparnos del presente en educación?

Yo creo que el presente está signado por la emergencia sanitaria que nos toca vivir, porque todavía no se terminó. Creo, sin duda, que habrá un antes y un después de esta pandemia en educación. Sabemos que necesariamente debemos volver a la presencialidad, porque la relación docente-estudiante es fundamental y en los aspectos afectivos el encuentro entre los pares forma parte del proceso educativo. Pero todavía estamos en un momento donde la emergencia ocupa la agenda; luego tendremos que analizar los aprendizajes que nos ha dejado.

Y sobre el rol de los maestros, ¿puede visualizar ya alguna conclusión sobre el rol de los maestros?

La emergencia, como toda situación inesperada, lo que hizo fue visibilizar con más fuerza los aciertos y dificultades que ya estaban presentes. Colocó a los maestros en una situación totalmente inesperada, como ha sido la virtualidad y una presencialidad con restricciones, ya que con el uso de los tapabocas todo lo gestual, que en educación es tan importante, se desdibujó. Por otra parte, la evidencia que teníamos pre-pandemia era que los maestros y los profesores muchas veces no hacían un uso pedagógico adecuado de la tecnología. En el caso de Uruguay, se visibilizó que el maestro necesita un apoyo permanente de los equipos directivos y también a nivel institucional. Eso nos hace dejar de pensar en el docente solo, en el docente en solitario, y pensar en equipos colaborativos. Colaborativos entre docentes y otras figuras. La pandemia ha mostrado que en muchos países se ha tenido que innovar de manera muy creativa para apoyar estos procesos. En México, por ejemplo, hay tutores que son jóvenes que pertenecen al mismo contexto en donde están los centros educativos y que reciben un apoyo financiero para continuar sus estudios a nivel superior, pero la contrapartida es que tienen que apoyar a los maestros en los centros educativos de su zona. Y esto, que ya existía de antes, en la pandemia fue fundamental para mantener la permanencia de los niños en el sistema. Por eso el rol del maestro, sin duda alguna, hay que repensarlo a partir de la pandemia; pero no solo el rol del maestro, sino el rol de otros facilitadores para el sistema educativo.

Por último, si pudiera dejar un mensaje a las generaciones futuras que trabajan en educación, ¿qué les diría?

Yo creo que el mensaje es que la educación, en primer lugar, es un tema que involucra a la sociedad en su conjunto. No es solamente un tema de los tomadores de decisiones, de los hacedores de políticas, de los maestros, de los profesores, de los equipos directivos, de los que estamos investigando, de los académicos, sino que es un tema que involucra a la sociedad en su conjunto. Es la educación la que permite la movilidad social, es la educación la que permite la construcción de la ciudadanía del mañana. Y entonces para eso hay que hacer un esfuerzo mancomunado, a todo nivel, para que el tema realmente esté en agenda, y para que sea tomado como una política no de un solo gobierno. Es decir, la educación tiene que involucrar a políticas de largo aliento, tienen que haber acuerdos nacionales. Todos sabemos que el cambio y la transformación en educación no se opera de un día para otro y requiere también de una articulación que falta en todos nuestros sistemas. Yo siempre doy el siguiente ejemplo: quienes forman a los docentes muchas veces no dialogan ni tienen nada que ver con aquellos que los contratan. Aquellos que los contratan no dialogan ni tienen nada que ver con aquellos que hacen un seguimiento y retroalimentación de la tarea de enseñar. Y así podríamos seguir, es decir, el sistema educativo está signado por falta de articulación y por políticas que no perduran en el tiempo. Entonces los tres mensajes son: entender que la educación es un problema de todos, entender que la educación tiene que traducirse en políticas de largo aliento, y entender que la educación requiere de fuertes articulaciones entre sus distintos componentes. MSJ

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Denise Vaillant. Doctora en Educación de la Universidad de Québec à Montréal, Canadá, y Máster en Planeamiento y Gestión Educativa de la Universidad de Ginebra, Suiza. Asesora de organismos internacionales y autora de más de ciento cincuenta artículos y libros referidos a la temática de profesión docente, reforma e innovación educativas. Integra el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) de Uruguay (ANII). Actualmente es la Secretaria Académica y la Directora del Programa de Doctorado del Instituto de Educación de la Universidad ORT-Uruguay.

Periodista.