El Papa: Continuar el camino para abolir la pena de muerte

El Santo Padre recibió en el Vaticano a la Delegación de la Comisión Internacional contra la pena de muerte, agradeciéndoles el trabajo que realizan en sus propios países contra esta forma deshumana de castigo.

“La pena de muerte es siempre inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”: lo ha reiterado el Papa Francisco, en un texto entregado a los nueve integrantes de la Delegación de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte, a quienes recibió en audiencia en el Vaticano.

Al inicio del texto, el saludo y el agradecimiento del Pontífice por el trabajo que realiza esta Comisión Internacional contra la Pena de Muerte “a favor de la abolición universal de esta cruel forma de castigo”, y el trabajo que realizan en pos de esta causa en cada uno de sus países.

En el texto, Francisco enumera las ocasiones en las cuales ha expresado “el compromiso de la Iglesia con la causa de la abolición” y asegura que es “la certeza de que cada vida es sagrada y que la dignidad humana debe ser custodiada sin excepciones”, la que lo ha conducido desde el principio de su ministerio “a trabajar en diferentes niveles por la abolición universal de la pena de muerte”.

Un compromiso que se ha visto reflejado recientemente en la nueva redacción del N° 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, “que expresa ahora —explica el Santo Padre— el progreso de la doctrina de los últimos Pontífices, así como también el cambio en la conciencia del pueblo cristiano, que rechaza una pena que lesiona gravemente la dignidad humana”.

ASUMIR LAS RESPONSABILIDADES DEL PASADO

Francisco señala que esta nueva redacción del Catecismo implica “asumir también nuestra responsabilidad sobre el pasado y reconocer que la aceptación de esa forma de castigo fue consecuencia de una mentalidad de la época, más legalista que cristiana”, ante la cual —asegura el Papa— “la Iglesia no podía permanecer en una posición neutral frente a las exigencias actuales de reafirmación de la dignidad personal”. La reforma del texto del Catecismo, en el punto dedicado a la pena de muerte —precisa el Santo Padre—, “no implica contradicción alguna con la enseñanza del pasado, pues la Iglesia siempre ha defendido la dignidad de la vida humana”.

LAS PENAS PERPETUAS, PENA DE MUERTE ENCUBIERTA

El Santo Padre no habla solo de la pena de muerte, sino que se refiere también a las penas perpetuas “que quitan la posibilidad de una redención moral y existencial, a favor del condenado”, definiéndolas como “una forma de pena de muerte encubierta”. “A nadie puede quitársele la vida ni la esperanza de su redención y reconciliación con la comunidad”, insiste el Papa. Y a este respecto exhorta a las naciones a asumir este compromiso, “así como ha ocurrido en el seno de la Iglesia”, porque “el derecho soberano de todos los países a definir su ordenamiento jurídico no puede ser ejercido en contradicción con las obligaciones que les corresponden en virtud del derecho internacional, ni puede representar un obstáculo al reconocimiento universal de la dignidad humana”.

EXHORTACIÓN A ADOPTAR MORATORIA PARA ABOLIR FORMA CRUEL DE CASTIGO

El Papa recuerda las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas sobre la moratoria del uso de la pena de muerte, que tienen por fin suspender la aplicación de la pena capital en los países miembros y exhorta a todos los Estados que no han abolido la pena de muerte, pero que no la aplican, “a que continúen cumpliendo con este compromiso internacional y a que la moratoria no se aplique solo a la ejecución de la pena sino también a la imposición de las sentencias a muerte”.

“Les ruego que adopten una moratoria con miras a la abolición de esta forma cruel de castigo”, dice después el Pontífice, dirigiéndose a los Estados que aplican la pena de muerte.

Francisco llama una vez más la atención sobre las ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias que lamentablemente son un fenómeno “recurrente en países con o sin pena de muerte legal”. Y no olvida el tema de la legítima defensa que “para ser legítima, debe ser necesaria y mesurada”.

LA JUSTICIA QUE SEA PADRE Y MADRE

Finalmente, el Pontífice expresa que es necesaria “una justicia que además de padre también sea madre”. Los gestos de cuidado mutuo, propios del amor que es también civil y político, se manifiestan en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común —se lee en el texto— son una forma excelente de la caridad, que no solo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas”.

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Fuente: www.vaticannews.va

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