Sobre “jubilar sin júbilo”

Sr. Director:

Es valorable que el editorial “Jubilar sin júbilo”, de revista Mensaje de julio pasado, incluya los principales argumentos que atribuyen a las AFPs la responsabilidad de las bajas pensiones.

Señala que el Sistema previsional sería ilegítimo porque se aprobó en dictadura. Olvida que durante décadas —antes de 1973 y después de 1990— se discutió cómo mejorarlo, sin que se lograra (es aleccionador el Mensaje al país de 1970 del presidente Frei Montalva). Asimismo, el editorial sostiene que los cotizantes antiguos fueron “obligados” a cambiarse a las AFPs. La verdad es otra. Ellos se trasladaron, pues les resultó atractivo subir su sueldo liquido al reducir su cotización de casi 27% a 13%, y porque tenían conciencia, de que el sistema de reparto pagaba muy malas pensiones. Desde el Estado, en tanto, se reconocía que este era arbitrario y abusivo, sometido a influencias de grupos de presión: Dipreca es un ejemplo actual de esto último.

El editorial dice que es que el Sistema no cumplió con una “promesa” realizada hace cuarenta años de pagar buenas pensiones. Al parecer el editorialista estima que quienes confiaron en esta promesa creían que esto ocurriría a todo evento, independientemente de si se cotizaba o no. Hoy un 60% de los afiliados lo hace por menos de veinte años. Asimismo, al parecer se encontraba implícito en la “promesa” que la medicina se estancaría, manteniendo fijas las expectativas de vida. En efecto, los sistemas previsionales funcionan en base a proyecciones, que deben ser monitoreadas constantemente: para eso existen los gobiernos, los políticos, los entes reguladores y los ejecutivos de AFPs. El editorial, asimismo, lamenta las elevadas utilidades de las Administradoras. Pero si estas fuesen “cero” no cambiaría nada el monto de las pensiones. Para que estas crezcan, se debe postergar la edad de jubilación, aumentar la tasa de ahorro individual del cotizante de 10% a 18% —como ha propuesto José Pablo Arellano— y lograr una mayor frecuencia de cotizaciones.

La poca rigurosidad facilita la demagogia y la incompetencia. La Iglesia debe dar ejemplo de solidez. Tiene que ayudar a movilizarnos, a decir la verdad, a volver a lo público. Como dijo san Juan Pablo II en su visita a Chile, a amar el trabajo bien hecho. Animarnos en esfuerzos desinteresados para construir un país mejor y no en ser receptáculos de lugares comunes.

Que revista Mensaje motive verdaderamente a sus lectores a comprometerse seriamente en la construcción de un mundo mejor.

Guillermo Varas Torres



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