El papa Juan XXIII apenas había cumplido tres meses como pontífice cuando, hablando ante veinte cardenales en la Basílica de San Pablo Extramuros, el 25 de enero, anunció: “¡Venerables hermanos e hijos amados! Pronunciamos ante vosotros, temblando ciertamente de conmoción, pero al mismo tiempo con humilde resolución de propósito, el nombre y la propuesta de una doble celebración: un Sínodo Diocesano para Roma y un Concilio Ecuménico para la Iglesia universal”. La sorpresiva decisión es recogida en Mensaje.